La rebeldía de la comunidad científica ante la tiranía editorial : quiebras en las estrategias de las políticas de excelencia

Por: Emilio Muñoz Ruiz

Contexto

Los importantes avances en ciencia y tecnología sustentados sobre las políticas para, por y con la ciencia que se sintetizaron en el modelo estadounidense de la “Ciencia: una frontera sin límites” ( Vannevar Bush, julio de 1945) y  se han gestionado  en línea con la sociología mertoniana ( Robert K. Merton, 1973), empezaron a  ser cuestionados en el marco de la Europa comunitaria con motivo de  la primera crisis energética.

Europa trató de disolver la crisis  con la intervención selectiva de economistas de la corriente evolucionista interesados en el cambio tecnológico y los efectos  sobre el mismo de las políticas científicas y tecnológicas. Se acuñaron conceptos como el  de “sistema de innovación “para dar cuenta de  la relación entre agentes que contribuyen a la transformación de  los conocimientos científicos en productos y  en la mejora de procesos  de  modo más interactivo que el que presentaba la visión lineal  de la innovación.   También  se introdujo el término “commodity” para caracterizar la ciencia, palabra cuyo significado requiere pericia y cognición como ha señalado Alex Grijelmo en una de sus sugerentes columnas del suplemento Ideas de los números dominicales de El País: no hay que dejarse llevar por la facilidad de la corriente abajo. Commodiyy significa mercancía, es decir que la ciencia se incorporaba a las reglas del mercado, del comercio. Esta reorientación  ha sido analizada por quien escribe en el marco de las reflexiones sobre las  dinámicas y dimensiones de la ética  de la investigación científica y técnica con el  apoyo de un trípode de valores: responsabilidad, empatía y justicia social (http://www.minasyenergia.upm.es/sala-de-prensa/art%C3%ADculos-emilio-mu%C3%B1oz.html?id=1983  : y debo apuntar que es posible acceder en  Google para encontrar referencias   sobre estos trabajos.

El tsunami  neoliberal y su incidencia sobre la ciencia

Dos acontecimientos políticos de trascendental importancia  en mi opinión: el asesinato de Olof Palme en febrero de 1986 cuándo era por segunda vez primer ministro de Suecia y la caída del muro de Berlín en 1989 han sacudido la vida política y social de los países democráticos y socialmente avanzados y de modo especial en la órbita europea. Estos hechos ocurridos en la cercanía temporal  pero aparentemente  aislados geoestratégicamente, me llevan interesando  desde que entré en los estudios sobre las relaciones entre ciencia y tecnología, sus políticas y las implicaciones éticas de sus  resultados y consecuencias, para pensar  en la ¿posibilidad?  de sucesos concatenados.

Se empezó con la  defensa a ultranza del credo neoliberal, a colocar el dinero como valor preeminente,  a monetizar toda acción social y política, a poner  en  duda la viabilidad del estado de bienestar, tendencia que ha inundado  las decisiones públicas desde la última década del siglo XX .Francis  Fukuyama  publicó un primer ensayo en 1989 con el título “El fin  de la historia” que extendido vio la luz como libro en 1992 con el título “El  fin de la historia y el último hombre”. Confieso que en aquellos tiempos tuve una actitud  poco científica por  apriorística y critiqué el título como concepto sin profundizar en el libro. Curiosamente Fukuyama  es un defensor de la ciencia como base social y considera que es el turno de la biología. No podía imaginar converger evolutiva e intelectualmente con alguien a quien he criticado sin piedad.

Destellos críticos sobre el impacto de las revistas científicas

Estas tendencias  han influido como era fácil de imaginar  en la evolución de los sistemas  de producción de los conocimientos científicos; la ciencia y sus circunstancia no se zafaron de los impulsos de las corrientes mercantilistas, procesos que han conducido a diluir las dimensiones éticas ( interétnicas) dando origen a disfunciones en la  difusión de los resultados: fraudes,  plagios, duplicaciones, fragmentación ( troceado) de los resultados para aumentar el número de artículos sin tener en cuenta la calidad. Los problemas  se han diseminado sobre las prácticas de evaluación con el  uso abusivo a las técnicas derivadas de la  informática lo que ha generado  una disminución  del recurso a la pericia de los expertos y al análisis de los discursos y avances  presentes en los trabajos. Se ha tendido a evaluaciones burocráticas basadas  en números, algoritmos y aplicaciones. Esta orientación ha abierto el juego  a las visiones esencialmente comerciales de las revistas  y a  la consiguiente sacralización del factor de impacto: Ello conduce a esas revistas  a reducir el número de artículos, a diversificar el número de revistas dentro de una cabecera madre para dar cabida a los sectores y a primar artículos con repercusión  en cuestiones de moda.

Es muy digna de agradecimiento la campaña  emprendida por el premio Nobel de Medicina de 2013 Randy Schekman. En diciembre de ese mismo año y tras haber recibido el galardón lanzó una valiente diatriba con la declaración de un boicot  a las grandes revistas científicas .Como recogía The Guardian   , el biólogo celular estadounidense renunciaba a publicar en revistas como Nature, Cell o Science en virtud de sus políticas editoriales. Desde mi modesta posición he expuesto críticas a que Nature publicara en la revista de cabecera artículos sobre la nuevas secuenciadoras genómicas o a que Science hiciera lo mismo con trabajos sobre la contaminación de los mares y de los peces de los que nos alimentamos .Esta posición cuenta con el refrendo de Schekman  en una entrevista publicada en SINC en español y de la que se ha hecho eco madrImásD con motivo de una visita del científico a Barcelona para disertar sobre los exosomas . El titular de la entrevista reza así: “Los factores de impacto de las revistas son “fake news “ ( mentiras). Las críticas de Schekman se centran en los editores porque son ellos quienes preseleccionan  los artículos para su evaluación en función de la moda del tema  con el fin de asegurar el impacto de la revista y otorgar así niveles de excelencia  de forma aventurada  tanto a investigadores como a centros de investigación; esta elección azarosa que lleva a las revistas a perseguir ser parte del sagrado primer cuartil marca la senda incluso para los  doctorandos en España desde hace unos pocos años.

La rebeldía de  la comunidad científica: las revistas  en acceso abierto

La estrategia de reacción  frente al peso  editorial   que  desafortunadamente ha sido reconocido y usado  sin reflexión por los gestores de la ciencia se empezó a plantear con las publicaciones en abierto. El primer  caso de importancia lo protagonizó la Public Library of Science (PLOS) que lanzó en 2006 una revista ( PLOS ONE) en acceso abierto con licencia de Creative Commons Attribution 2.5 Generic  de carácter interdisciplinar como Nature o Science, pero sin criterios de límites en la tasa de aceptación de originales. Con  esta iniciativa se cumple el objetivo que atañe a la defensa de la comunicación más libre  de  resultados científicos sin filtros  contaminados de mercantilismos.  Sin  embargo,  si hay una limitación de oportunidad por el  alto coste económico por artículo de casi 1500 dólares. El crecimiento en número de artículos publicados en PLOS ONE ha sido impresionante. Desde s u inicio en 2006 hasta 2010  se publicaron cerca de 9000 artículos, en 2013 alcanzó  la cifra de 31.500 para llegar al número 100.000 en 2014. Curiosamente en 2011 el Grupo de Publicaciones Nature (NPG de sus siglas en inglés) contratacó  con  la revista  Scientific  Reports con idéntico perfil  de apuesta por la rapidez y el tamaño  y de costes por artículo. No hay duda de que la apuesta por el tamaño va a reducir los factores de impacto y en esa batalla están estas dos revistas.

Life Science Alliance (LSA)

 En esta tesitura  ha surgido en 2018 otra importante iniciativa que me ha llegado como   miembro de la European Molecular Biology Organization /EMBO) y  ha sido el impulso para  escribir este artículo. Life Science Alliance es una nueva revista de acceso abierto que han puesto en marcha tres instituciones de investigación líderes a nivel mundial en el campo de la biología contemporánea por medio de sus editoriales que publican sin ánimo de lucro: EMBO Press, Rockefeller University Press y Cold Spring Harbor Laboratory Press.

La revista  LSA pone el foco en la publicación de  investigación de calidad y fiabilidad sobre la base de un proceso de evaluación rigurosa, transparente y de rigor académico con el objetivo de acelerar la publicación de resultados científicos importantes que son sometidos a la consideración de cualquiera de las revistas del  trio de socios de la alianza. El fin de esta alianza es contribuir a que la publicación de resultados científicos  sea más eficiente, constructiva y justa, en esencia  parece perseguir luchar contra  la plaga de la mercantilización dolosa de la ciencia, financiada además en muchos casos por recursos públicos. Porque hay que insistir en que  las editoriales  de LSA no actúan con fines de lucro.

 Para abordar este importante reto ante la demanda incremental  de la publicación científica han tomado otra valiente e innovadora decisión. Han elegido un Comité Editorial Asesor de  características  impresionantes. Son  prácticamente  un centenar de investigadoras  e investigadores (45% de mujeres y 55% de hombres)  en su gran  mayoría en el epicentro de sus careras científicas, apenas superarán los cuarenta y cinco años, de una gran diversidad de orígenes  provenientes de los cinco continentes. Aunque  todos trabajan en instituciones de primer nivel  y  del primer mundo al que se añaden en ciencia varias instituciones de  China, dos de   Japón e incluso una institución de India. La evaluación se procura no solo justa sino que esta justicia se va a hacer transparente. Todos los documentos que acompañen al proceso evaluativo se harán públicos junto a los artículos. La actividad de los revisores será reconocida si así lo solicitan con cartas de apoyo y certificados.

 Hay un dato preocupante a nivel español.   Existen  varios, no muchos, nombres españoles en el Comité Editorial pero ninguno  que trabaje en instituciones españolas. Este dato refleja la crisis de la las políticas de ciencia en España, sin que siquiera  la apuesta por la excelencia de la Alianza SOMMa de los últimos años tenga reconocimiento.