Relación ciencia-sociedad

¿Por qué consideramos necesario reactivar el diálogo entre ciencia y sociedad?

La relación entre ciencia y sociedad debe facilitar la comprensión de los ciudadanos sobre lo que representa la diversidad y riqueza de la generación de conocimiento, con especial atención al que promueve la ciencia económica: conocer sus raíces históricas, y saber de la multiplicidad de visiones y estrategias que pueden apoyar la toma de decisiones, para  llegar a distinguir entre las acertadas y las equivocadas. Esta búsqueda de conexión de la ciencia con la sociedad tiene que ayudar a la ciudadanía a entender y apoyar los Objetivos del Milenio y su evolución diacrónica, orientados a hacer sostenible la vida en el planeta Tierra, es decir, a que sea factible mantener el suministro energético y satisfacer el resto de las necesidades de la población sin esquilmar los recursos naturales ni trastornar el medio ambiente.

En el camino de encuentro entre ciencia y sociedad, esta última debe adquirir conciencia de que los avances y mejoras en su bienestar, incluyendo el progreso en la salud pública y en ese bien tan apreciado que es la salud de los próximos,  descansan en los avances científicos y tecnológicos. También en la colaboración entre la investigación pública y la innovación, inspiración  y guía de la colectividad empresarial, que debe ser regulada y modulada por los responsables públicos. Es decir, la ciencia básica, la aplicada y la innovación son ya una misma cosa que no se puede separar y cuyo fomento corresponde a una fructífera colaboración entre el Estado y la sociedad.

Finalmente, nos centramos en la educación, pilar, entre todos los derechos,  capaz de corregir todo tipo de desigualdad: de clase, género, edad, lugar de nacimiento, con el fin de  alcanzar  un trabajo y una vida dignos. La educación de calidad, pues, núcleo del tipo  de sociedad que debe pretender un país avanzado resulta esencial para que la proyección hacia esos logros responda a una tendencia positiva, corrigiendo la deriva negativa a que conduce una globalización mal gestionada, lo que reclama  que la ciencia y sus contextos (histórico, financiero, de rentabilidad y eficiencia) formen parte  de los programas en todas las etapas educativas y de modo particular en los de  la formación profesional y  la universitaria. Una sociedad más culta será una sociedad más informada y, por tanto, más libre.

La necesidad de establecer el binomio ciencia-sociedad es particularmente urgente en estos momentos de cambios acelerados en las dinámicas sociales, asociados con la irrupción y el desarrollo exponencial de las nuevas tecnologías y su traslación en las redes sociales. Estamos en la trayectoria de transformación que va desde una sociedad industrial a una sociedad digital, con cambios en el  paradigma tecnológico que llevan el tejido productivo a la imperiosa necesidad de innovar y transmiten a la sociedad la importancia de la ciencia (y la tecnología) como base del progreso y la sostenibilidad.

Esta tendencia también impone cambios en el mundo laboral por la pujanza de sectores que de manera creciente precisan de trabajadores con un cierto grado de preparación científica y técnica. También apunta a la necesidad de adaptar los programas de formación a esta creciente demanda, para facilitar el despegue de estos sectores y la creación de empleo cualificado. El informe de pérdidas y ganancias de empleo de la OCDE entre los años 2010-2016 ya muestra esta tendencia, siendo el sector científico-técnico el que muestra la mayor creación de empleo (un 30% de media). Los datos correspondientes a España, que no son alentadores, presentan un crecimiento de empleo en ese sector que en ese mismo periodo apenas llega al 10%. Esto es particularmente preocupante por la situación desfavorable desde la que partimos, con un porcentaje de la población activa dedicado a I+D que está por debajo de la media de la Unión Europea y lejos de sus motores económicos. La falta de personal cualificado en el sector de la I+D puede desembocar  en la creación de un nuevo déficit: un déficit en tecnología, innovación y descubrimiento.

Otro motivo por el que el dialogo ciencia-sociedad es imperativo en estos momentos es porque el saber en sí mismo, y el desarrollo de un pensamiento crítico y una capacidad de análisis basados en la evidencia, claves de la actividad científica, permitirán que la sociedad tome las decisiones mejores en todos los ámbitos de la vida. En este sentido es fundamental el establecimiento de una política basada en la evidencia, donde la presencia de la ciencia en la política no sólo sea a nivel de asesoramiento sino que sirva de base para la definición de la agenda política. Que las personas estén informadas resulta esencial para la democracia y no hay información sin formación y sin buena base cultural suficientemente contrastada. A un país erudito aspiraba Ramón y Cajal, al que se le ofreció en 1906 ser Ministro de Instrucción Pública, cartera de nueva creación, para que asumiera la enseñanza y todas las reformas democráticas que preconizaba el  gran neurobiólogo. Finalmente rechazó la oferta porque el primer ministro Moret no supo dar la cifra de recursos económicos que podía  ofrecer para ese ambicioso programa.