Colapsos en Vigo y Génova

Carmen Andrade

Los dos colapsos de estructuras ocurridas recientemente en Vigo y en Génova vuelven a traer de actualidad la importancia de financiar conocimiento básico aunque a corto plazo parezca no rentable.  En ambos casos, parece que la causa ha sido la corrosión de la armadura metálica del hormigón. En el caso de Vigo, una vez vista en fotos el tipo de losa de hormigón armado que había a menos de un metro del borde del agua, es inmediato deducirlo dada la corrosividad del agua de mar hacia el acero.  En el de Génova, era conocido que los tirantes (lo que todo apunta que ha fallado) eran la parte más débil desde el punto de vista de la durabilidad de ese puente. ¿Se hubieran evitado los colapsos con mantenimiento como se dice en la prensa? En ambos casos el mayor problema es que desde su construcción eran tipologías estructurales vulnerables al ataque por el ambiente, pero en su fecha de construcción los conocimientos de su riesgo solo estaban en algún aislado centro de investigación, ya que los estudios muy preliminares sobre durabilidad del hormigón estructural arrancaron en la década de los 70 y 80 del siglo pasado.  Por tanto, esas estructuras cumplían la normativa y parecían perfectas para los conocimientos del ingeniero de entonces, pero han resultado muy poco durables en cada ambiente. Para los científicos que nos hemos dedicado a establecer las bases de como evaluar una estructura deteriorada por corrosión y alertar sobre que el hormigón no es eterno, ha sido como predicar en el desierto hasta la década pasada, en la que se ha empezado tímidamente a aceptar que es necesario que las reglas de cálculo de estructuras deterioradas pasen a  ser parte conocimiento general.  Existe profusa normativa sobre como diseñar estructuras pero no en como evaluarlas una vez construidas y mucho menos conocido es como evaluarlas si están deterioradas, ya que las leyes que rigen el comportamiento estructural del material fisurado o deteriorado no están bien establecidas en el caso del hormigón  estructural.

Cuando ocurre una tragedia como las de los dos casos, es cuando la sociedad demanda más conocimiento para sentirse menos vulnerable, pero ese conocimiento no se puede improvisar ni pasar de los científicos a los técnicos especialistas de forma inmediata. Es necesario un sistema bien organizado y sin improvisaciones, de transferencia de conocimiento y divulgación desde la ciencia al especialista y al universitario. En momentos como estos de impacto mediático además existe el riesgo de que los que se consideran especialistas, pero en realidad no llegan a serlo lo suficiente para dilucidar el fondo de las causas del desastre, adelanten diagnósticos y soluciones que no sean los más apropiados. Aun con mantenimiento el puente de Génova hubiera colapsado pues la corrosión puede no verse desde el exterior al estar el acero recubierto de hormigón y solo técnicas muy avanzadas y costosas, solo bien interpretadas por investigadores o muy especialistas y usadas solo en casos donde los riesgos son muy evidentes, hubieran tal vez alertado del estado inaceptable de los cables del puente. Se necesita mucha más investigación para dotar a la sociedad de un cuerpo normativo que detecte y prevenga estos desastres, mediante por ejemplo el desarrollo de sensores que alerten en tiempo real del estado de deterioro estructural.

Una vez más desde al AEAC debemos insistir en la necesidad de promover y financiar áreas básicas de la ciencia que no parecen importantes a corto plazo, pero que harán fuertes al país en conocimiento, que sin duda, un día serán aprovechables y vitales para resolver los problemas que nos esperan en el futuro, al menos en lo que a mantenimiento de toda la infraestructura construida nos atañe.