Comprender la Economía Circular, del homo oeconomicus al human oeconomicus

Por: Beatriz Real Heredia, socia fundadora de la AEAC, Economista y Máster en Análisis y  Gestión de la Ciencia y la Tecnología por la Universidad Carlos III de Madrid, Consultora Internacional y Organizadora Local del Circular Economy Club en Sevilla.


La actividad económica es sabido que tiene por fin la satisfacción de las necesidades humanas.

En su configuración como ciencia, a lo largo de la historia, ha evolucionado pasando por distintas concepciones. Según define Marshall en sus Principios de Economía (1930) “La economía es un estudio de la humanidad en las ocupaciones ordinarias de la vida; examina aquella parte de la acción individual y social que pueda tener más estrecha conexión con la obtención y el uso de los artículos materiales necesarios para el bienestar”. Una ocupación ordinaria que queda sometida, sin embargo, de forma constante al principio de escasez de los recursos, paradoja que da origen a su posterior interpretación sometida a dicho principio, es decir, la Economía como ciencia que trata de ofrecer bienestar compatible con la limitación de los medios disponible.

A esta definición se añadió más tarde la aportación de que sobre estos medios limitados existe la posibilidad de elección y usos diferentes, entre los cuales hay que elegir el más ventajoso, así como que una finalidad puede conseguirse por varios medios de los cuales hay que elegir el más conveniente. En esta evolución, Robbins afirma, en su Ensayo sobre la naturaleza y el significado de la ciencia económica (1935), que la “Economía comprende la conducta humana como relación entre fines y medios escasos con usos alternativos”.

Para modelizar esta conducta humana la escuela neoclásica de economía utilizó el concepto de homo oeconómicus como representación teórica del comportamiento racional del hombre ante estímulos económicos, ante su capacidad de procesar adecuadamente la información que conoce, y de actuar en consecuencia. Éste ha sido el elemento sustento y pilar clave de los desarrollos de nuestra estándar interpretación y modelización económica en los últimos, más de ochenta, años atrás.

Sin embargo, desde el inicio del nuevo siglo XXI una nueva corriente de pensamiento surge ligada al concepto de Economía de la Humanidad, no ya a la economía del homo oeconomicus, desarrollando una impactante extensión teórica cuya comprensión será el primer paso para entender la Nueva Economía, la Economía Circular entre ellas. Hemos entrado en una nueva Era “La época en la que los humanos y nuestras sociedades se han convertido en una fuerza geofísica global” (Crutzen y Stoermer, 2000; Steffen et al., 2007; Steffen et al., 2011). Es bajo esta premisa donde la presión sobre la relación entre la humanidad y el medio ambiente global es más destacable y visible.

Como respuesta e impacto de este nuevo contexto sobre la disciplina económica tenemos que considerar la evolución de la ciencia económica y su giro, en calidad de elemento principal,
hacia el “human oeconomicus” en lugar del “homo oeconomicus” y trabajar por el desafío colectivo de optimizar el desarrollo de las ocupaciones que de la vida ordinaria hacemos y los medios y modos que utilizamos para ello. Todo ello como medida más apremiante para un futuro sostenible de nuestra economía, nuestro planeta y nuestra humanidad.

¿Pero cómo conocer y trabajar a nivel práctico sobre este desafío colectivo? Como respuesta la matemática siempre ha sido una gran aliada de la economía en sus procesos deductivos pero como decía el premio nobel de economía del año 1979 T.W.Schultz “se debe estudiar la economía con matemáticas pero no como matemáticas” ya que en el comportamiento del homo oeconomicus o del human oeconomicus, sin duda intervendrán factores como los psicológicos, morales, jurídicos, ambientales…

En este sentido el actual contexto de la economía circular está muy focalizado en las ciudades, centros de mayor concentración de la humanidad en los próximos años, y donde la ocupación diaria en materia de consumo de recursos, de acciones sobre el medio ambiente, de producción industrial, de agricultura urbana, de uso del agua o de consumo de energía, pueden ser optimizados en mayor medida, o mejor, con mayor impacto.

Para ello deben ser analizados y modelizados los comportamientos de forma colectiva y con ello tener la capacidad de transformar los hábitos convencionales de las personas a hábitos requeridos por la sociedad.

Como mejor solución, aunque no única e independiente de otras, el fenómeno “Smart” en sus diferentes manifestaciones y las llamadas Smart Cities que dispondrán de herramientas que favorecen el conocimiento y reacción del human oeconomicus. Entre otras herramientas, cabe citar el Big Data, la Digitalización, el IoT (“Internet of Things”), la Robótica, la Sensórica, la Geolocalización y la Industria 4.0, tecnologías fundamentadas en las matemáticas que deberán asociarse a nuevas herramientas aplicables a los principios y métodos de Gobernanza para que puedan ser asociadas a un impacto positivo en el modelo económico que ha de venir. Un modelo que no debe olvidar el fin último de la actividad económica: la satisfacción de las necesidades, ahora, de la humanidad