Diario de un Consejero de Ciencia. Semana 33.

Por Borja Sánchez.

Puedes consultar entradas anteriores de este diario haciendo clic aquí.

Buenas noches

Esta entrada (y me temo que las siguientes) va a estar profundamente marcada por la crisis del coronavirus. Lo primero agradecer públicamente a todo el mundo que está ayudando a que el coronavirus no siga su ritmo de contagios, desde a usted que se queda en casa, a todos los profesionales de la salud (asistenciales, técnicos, personal de gestión…), pasando por todas las innumerables entidades que hacéis posible que la mayor parte de la población pueda guardar esta especie de cuarentena masiva. Quisiera también agradecer a todas esas personas que estáis ofreciendo vuestros laboratorios, vuestras clínicas o establecimientos en previsión de tener que hacer muchísimas más pruebas de detección o que hagan falta camas hospitalarias. Muchísimas gracias. Os recuerdo también que aquí tenéis una infografía que la Consejería de Salud de Asturias ha puesto a disposición de la ciudadanía.

Como comprenderéis las visitas de la semana quedan en segundo plano; de hecho tanto la visita a Candamo, como la reunión con las representantes de AFIA, o con Vicente Luque, ya estaban profundamente marcadas por la toma de las decisiones que iban a adoptarse el jueves, y que hemos extendido este fin de semana. A lo largo de la semana que viene seguirán tomándose decisiones para tratar de minimizar el ritmo de contagio del SARS-Cov-2, y así minimizar el número de casos de la enfermedad, COVID-19, con el objetivo puesto en que no se bloquee el sistema sanitario. Este matiz es importante, el virus se llama SARS-Cov-2, y la enfermedad COVID-19.

A partir de ahora toda la agenda pública se suspende y comenzamos una nueva etapa en la que tenemos que concentrar todos los esfuerzos en frenar lo que se nos viene encima. Por algún mensaje que me llega, suspender agenda no significa quedarse cruzado de brazos, nuestros expedientes tienen que seguir su curso; eso sí, fomentando el teletrabajo que herramientas no nos faltan. Este fin de semana hemos estado trabajando para continuar con las medidas de contención del coronavirus. Los plazos administrativos quedan congelados, así que preguntas como cuándo vamos a ser capaces de publicar las siguientes convocatorias de I+D+i o de contratos predoctorales, postdoctorales… están ahora mismo en el aire porque no sabemos cuánto tiempo vamos a paralizar los procedimientos. Casi que ahora mismo les diría que es lo de menos, lo importante es que el virus no siga avanzando. Nosotros también seguiremos avanzando, y por ejemplo ya les puedo anunciar que las bases del programa misiones ya están sometidas a información pública, así que todo aquel que quiera revisarlas y sugerir alegaciones (de forma justificada) puede utilizar este enlace para tal fin. Este trámite puede hacerse telemáticamente.

Volvamos al virus. El pasado año, un comité de expertos entregaba a la ONU un informe en el que analizaba si el mundo estaba o no preparado para resistir una emergencia sanitaria global que identificaban como una “gripe masiva y letal”. Este mismo informe preveía que, si no se adoptaban una serie de compromisos para prevenir una pandemia de este estilo, por ejemplo un brote de una cepa muy agresiva del virus de la gripe que matase entre 50 y 80 millones de personas, se perdería el 5% de la economía global. Entre los objetivos y compromisos concretos del informe, que pueden consultar aquí, figuraban la realización de simulacros, o la elaboración de intervenciones prioritarias ya previstas en los ciclos presupuestarios, establecer plazos para financiar y desarrollar vacunas y aumentar la financiación de la I+D antes y durante (y yo les diría que después) de la pandemia.

A mí el tema de los virus que dan el salto de animales a humanos (por decirlo de alguna manera) es algo que me interesa desde la pandemia de gripe A causada por la cepa H1N1, allá por el 2009/2010. A pesar de que soy microbiólogo no soy experto en virus humanos, mejor dicho, en virus que infectan humanos, así que aquí les dejo 2 artículos escritos por expertos virólogos en los que se describe todo lo que debe saberse acerca de este virus. Es de lo mejor que he leído estos días; les dejo también un video de mi querido Emilio Muñoz, que lo explica como nadie:

https://www.elperiodico.com/es/the-conversation/20200306/articulo-ignacio-lopez-goni-diez-buenas-noticias-coronavirus-7878232

https://quimicas.ucm.es/noticias/texto-sobre-el-coronavirus-de-margarita-del-val-virologa-e-inmunologa

http://cchs.csic.es/es/article/nuevo-episodio-reto-reflexionar-coronavirus-emilio-munoz-ifs

Hace unos años, en 2014, escribía un artículo sobre el virus del ébola donde describía para qué servía cada uno de los 7 genes de este virus. Como el nuevo coronavirus, estos virus tienen su reservorio en animales desde los que, debido a alguna mutación, dan el salto al ser humano. Ya de aquella, manejábamos un modelo que rendía una escalofriante cifra de virus que, transmitiéndose entre animales, podrían resultar una amenaza para la humanidad: 350.000 distribuidos en 9 familias: paramixovirus, hantavirus, astrovirus, influenzavirus tipo A (gripe A), bocavirus, adenovirus, herpesvirus, poliomavirus y por supuesto coronavirus. En ese mismo trabajo se planteaba que el coste de describir todos estos virus (66.000 millones de dólares distribuidos en 10 años) sería mucho menor que el de cualquier pandemia grave causada por estos.

El virus del ébola tiene una estrategia totalmente contraria a la del nuevo coronavirus. La letalidad del virus del ébola va de hecho en contra de su propia dispersión: si el hospedador muere, el virus lo hace con él, no es buena estrategia para un virus que pretende causar una pandemia. El nuevo SARS-Cov-2 es mucho más astuto en este sentido, ya que es menos letal pero muchísimo más contagioso. Y este es precisamente el problema, que puede resumirse en una cuestión matemática, que es la de reducir la tasa de contagios para evitar colapsar el sistema sanitario, que sería catastrófico. La dificultad de estos días ha estribado en que es imposible saber de forma precisa cuántas personas están contagiadas en España, de ahí lo difícil de hacer predicciones.

Lo que sabemos es que el 80% de personas que se infectan con el nuevo coronavirus son asintomáticas o casi asintomáticas, vamos, que ni van a saber que lo han pasado, pero sí lo han estado dispersando durante días. Del 20% restante, un 15% tendrá una situación grave, un 5% crítica y un 1-3% morirá, aunque esta cifra de letalidad (muertes entre casos registrados) bajará a medida que se hagan más tests. En España y en Asturias hemos tomado la decisión de restringir los movimientos de personas para justamente evitar llegar al colapso del sistema sanitario ya que, como les decía, se trata de un simple cálculo matemático. En España hay 3 camas de hospital por cada mil habitantes, en total 140.000 camas más o menos. Si un 20% de las personas infectadas por el nuevo coronavirus necesitara ingreso, esto quiere decir que con 10.000 afectados necesitaremos 2.000 camas, con 100.000 20.000 camas y así sucesivamente. Y eso asumiendo que las camas están homogéneamente distribuidas en nuestra geografía y que sólo se realizan ingresos por casos de COVID-19. Como ven, o esto se frena o vamos al colapso. Llama la atención cómo las decisiones de Corea del Sur, con un marcado componente tecnológico, han logrado reducir el número de nuevos casos desde los 909 del 29 de febrero (fecha en que se diagnosticó el primer positivo en Asturias) hasta las 107 de ayer. Por cierto, aquí os dejo el observatorio mundial de datos que tienen montado en la Universidad Johns Hopkins: https://gisanddata.maps.arcgis.com/apps/opsdashboard/index.html#/bda7594740fd40299423467b48e9ecf6

Así como Corea del Sur le está ganando la batalla a la COVID-19, nosotros no vamos a ser menos. Y este es el momento de apelar a la responsabilidad, de reducir al máximo la vida social para no facilitar la dispersión del virus lavándonos las manos, evitando llevarlas a nuestra cara, tosiendo al flexo del codo. Estas son costumbres que van a quedarse ya en nuestra sociedad. Es el momento también de proteger a nuestros mayores. Como ayer decía nuestro presidente, ellos ayudaron a sacar al país de la crisis 2008, así que nuestro deber ahora es protegerlos. Ya habrá tiempo de recuperar nuestra economía, lo importante ahora es que no colapsemos como país, porque como eso llegue os aseguro que el PIB será el menor de nuestros problemas.

Y para acabar una reflexión al respecto de la economía. En algún momento de la historia, economía pasó de querer decir ahorro a definir riqueza. Estamos ante un momento de nuestra historia único, y es que por primera vez, la ciencia se ha impuesto a la economía. Las medidas económicas vendrán después, claro que sí, pero ahora mismo lo importante es la salud. “Coronavirus es lo que consigues cuando ignoras a la ciencia”, escribía Farhad Manjoo en el NY Times. Gracias a la ciencia supimos en pocos días quién era el nuevo coronavirus, cómo detectarlo, cada vez más rápido, y tendremos vacunas y tratamientos en pocos meses. El SARS-CoV-2 va a tener consecuencias socioeconómicas fuertes y sobre todo va a obligarnos al menos durante 2 semanas a dejar de lado nuestros hábitos mediterráneos. Habrá familias afectadas, empresas, por supuesto que habrá que prever medidas para que se recuperen, todo llegará y se tratará de dejar el menor número de personas atrás. Pero ahora es el tiempo de la ciencia y tal vez de plantearse cambios de calado en nuestra forma de ver la economía. Ésta es esclava del PIB, pero como les digo el PIB no es ni mucho menos una medida de riqueza, ya que al fin y al cabo sólo refleja los ingresos. La verdadera riqueza radica en muchos intangibles, como la calidad de vida, la baja criminalidad, tener un sistema sanitario de lo mejor de España, formar a unos universitarios excelentes, nuestra gastronomía, nuestro casi 40% de paisaje protegido… No sé si se han leído el libro “El delirio del crecimiento”, de David Pilling. A mí me lo regaló César Ullastres antes de ser consejero. Si no lo han hecho se lo recomiendo, váyanse directos al capítulo 10 cuya primera página contiene toda la esencia del libro. ¿Quién es más rico, Bill con sus ingresos de 200.000 dólares anuales o Ben con sólo 20.000? Descúbranlo.

Tal vez el problema es que la economía no es una ciencia. No porque lo diga yo, sino porque no usa el método científico. No pasa nada, las matemáticas tampoco son una ciencia. Si por la economía fuera les aseguro que ahora no estaríamos en estado de alarma, ya que a la economía sólo le interesa el PIB, es decir los ingresos, y le interesa que estos crezcan a cualquier costa. Ahora ha venido un pequeño bichito, un virus, a darle la vuelta a todo. El problema es que después de este SARS-Cov-2 vendrán otros, y para ello necesitaremos más ciencia.

No sé ni de dónde he sacado el tiempo para escribir esto…

Compartir este contenido
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email