Diario de un Consejero de Ciencia. Semana 40.

Por Borja Sánchez.

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Buenas noches,

Lo primero espero que hayan pasado un feliz y soleado día de la madre, y lo segundo, no sé si esto ha pasado en otras ocasiones, pero hoy ha sido la primera vez que las sirenas de la policía, de ambulancias y protección civil no han sonado (exceptuando aquellos días que estos particulares “desfiles” estuvieron temporalmente prohibidos).

Seguimos con la desescalada. Estamos ya inmersos en una serie de cuatro fases donde poco a poco iremos llegando a lo que se denomina una nueva normalidad, marcada por la presencia del SARS-Cov-2 y la ausencia de una vacuna y de tratamiento efectivo. Cuando haya vacuna, o tratamiento, o inmunidad de grupo o las tres cosas podremos decir que volveremos a la normalidad. Sé que ayer había mucha indignación por las imágenes de gente agrupándose o saliendo masivamente a la calle. Pero es la historia que se repite: imágenes como esas han ocurrido al principio del confinamiento en el transporte público, o cuando la gente hacia acopio masivo de harina (y otros víveres) en los supermercados, o también cuando comenzaron a salir los niños. Hoy, el día después, ¿alguien ha hablado de ello? No, y además la presencia de gente se ha ido relajando, como las otras veces. Por tanto, mucha prudencia y sigan las normas, que pasan por mantener el distanciamiento social, por lavarse bien las manos, no tocarse la cara, evitar las aglomeraciones y si esto no es posible usar mascarilla (por ejemplo en el trasporte urbano). Aquí les dejo la foto con las franjas horarias para salir de casa, correspondientes a la fase actual:

Esta semana me han publicado el que es el último artículo de una línea de investigación que empecé allá por 2010, a mi vuelta al IPLA y cuando hablé un día con el Dr. David Bernardo, y que es la del estudio de moléculas anti-inflamatorias producidas por la microbiota intestinal humana. En mi caso, me centré en el estudio de péptidos, que son pequeños fragmentos que se liberan cuando los componentes de las bacterias son “digeridas” parcialmente por nuestras proteasas. Este estudio es la confirmación de que nuestra microbiota intestinal es un reservorio de millones de moléculas bioactivas capaces de atenuar la respuesta inflamatoria que ocurre, por ejemplo, en la enfermedad inflamatoria intestinal. El artículo es de acceso abierto, aquí se lo dejo.

Y relacionado con este proceso inflamatorio está la COVID-19, pero no por ser anti-inflamatoria sino todo lo contrario, donde en los casos más críticos se observa lo que se llama una “tormenta de citoquinas” y una activación de neutrófilos. En este caso la metodología de nuestros proyectos ha detectado la presencia de 9 potenciales péptidos pro-inflamatorios que podrían liberarse del virus durante el proceso de eliminación del mismo. El artículo, esta vez sin haber sido revisado por pares, se encuentra aquí: https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2020.05.02.072439v1

Volvamos al coronavirus. Veamos, el riesgo de rebrote es real. Todos los gobiernos, incluido el alemán, que fue de los primeros en plantear medidas de relajamiento del confinamiento si tenemos en cuenta su propio inicio, tienen en su agenda política la posibilidad de que el número de casos vuelva a crecer. La ciudad china de Harbin, con sus más de 10 millones de habitantes, también se encuentra actualmente aislada después del brote inicial en Wuhan. Probablemente nunca tengamos estadísticas fiables de lo que pasa allí.

Se lo comentaba al periodista que me hizo una entrevista que se publica hoy y que recogemos en el perfil de Facebook de CienciaAsturias, poco a poco hemos ido conociendo más del nuevo coronavirus: su alta tasa de contagios, el hecho de que el 80% de las personas que pasan la infección sean asintomáticas o tengan síntomas leves… ¿quién iba a prever esto con los antecedentes del SARS y el MERS? Les paso unas cifras comparativas: hubo 8098 casos de SARS entre 2002-2004 y 774 muertos (el virus desapareció en 2004), en 2012 aparece el MERS, acumulándose hasta febrero del año pasado 2345 casos con 817 muertos y una tasa de letalidad ostensiblemente mayor que el SARS.

Sabemos que el mundo científico había anunciado la llegada de una pandemia no así, sino mucho más letal, lo recoge la propia OMS en un documento de octubre de 2019, en el que alertan de una pandemia que acabaría con 50-80 millones de personas en el mundo y que eliminaría el 5% de la economía global.

Según el experto en enfermedades infecciosas Oriol Mitjà, el SARS-Cov-2 que, en términos medios y cuando se conozca el número real de casos tendrá probablemente una letalidad más parecida al virus de la gripe porcina H1N1 pueda quedarse como una cepa estacional que cause resfriados en invierno debido entre otras cosas a su alta transmisibilidad. Me he tomado la molestia de buscar en este diario las “señales” que he dejado plasmadas y me encuentro la primera el 2 de febrero, en el Diario número 27. Esa semana veníamos de conocer la construcción en Wuhan de un hospital en tiempo récord, sabíamos ya que esto iba en serio, pero la situación actual era inimaginable. Todo el mundo llamaba a la calma, hasta la OMS y sí, quien no reconozca que esto nos ha pillado con el pie cambiado probablemente no sea honesto consigo mismo. Las señales estaban, sí, aprendamos como hizo Corea del Sur en 2015 y usemos mejor la información la siguiente vez.

De todas formas, piensen en esto como un aviso, no desdeñen para nada el anuncio que la OMS hacía el año pasado, y al que me refería con anterioridad. No hace falta irse al caso de virus más letales, como el del ébola (50% de letalidad) o el de la rabia (95% de letalidad). Piensen por ejemplo en algo igual de contagioso que el SARS-CoV-2 pero con menos porcentaje de personas asintomáticas y algo más de letalidad. Si han pensado en ello… podrán imaginarse el escenario y por eso justamente necesitamos más ciencia para construir nuestro futuro.

Esta semana el Ministerio de Ciencia e Innovación ha hecho pública la ampliación del número de centros con capacidades para hacer las PCRs específicas del coronavirus y que podrían, llegado el caso, ponerse a disposición de los servicios de microbiología de los sistemas sanitarios autonómicos. En Asturias, y además del centro Centro Biolab-Arcelormittal de I+D, han pasado con éxito las declaraciones de capacidades la Universidad de Oviedo, ASINCAR, el IPLA-CSIC y el Laboratorio de Sanidad Animal, y estamos esperando el resultado de la declaración del Hospital de Jove. ¿Cómo se sabe si un centro cumple o no los requisitos para hacer esta PCR? Los requisitos necesarios son:

  • Disponer de personal formado en técnicas de biología molecular.
  • Tener capacidad para trabajar con muestras infecciosas de nivel 2, cabina de bioseguridad y equipos adecuados.
  • Disponer de capacidad para producir reactivos de inactivación.
  • Manejar técnicas de extracción por medios propios que no resten capacidades a los centros hospitalarios.
  • Poder realizar PCR por medios propios o mediante kits comerciales.

El último requisito, y que entiendo que es el que ha generado cierta polémica, es el de “tener personal capacitado para validar informes de análisis clínicos”, pero también se especifica que en “caso de no disponer de este servicio, la validación la realiza un hospital, personal sanitario o los servicios de salud pública de la comunidad autónoma”. Y yo esto ya lo expliqué personalmente el pasado 9 de abril, se trata de anticiparse a un escenario donde sea necesario hacer test masivos, en cuyo caso es necesario contar con todo el equipamiento técnico y humano y, llegado ese escenario, estos laboratorios se pondrán a disposición de las autoridades sanitarias y por ende de los servicios de microbiología clínica que son los encargados de certificar los análisis. Esto se llama anticipación, lo estamos preparando por si hace falta.

Es curioso que esta polémica surja en nuestra región porque, precisamente, en Asturias hacer tests no ha sido un problema, ni en número ni en la elección a las de las personas a las que se les ha hecho, siempre aquellas que guardaban relación con casos activos o en los colectivos más vulnerables. Esto haría que nuestra región, con 44,2 tests PCR por cada mil habitantes, ocupase un hipotético tercer puesto en el ranking que la OCDE publicó la pasada semana. Y como dice el Dr. Daniel López-Acuña, con el que tuve el gusto de compartir almuerzo durante la pasada edición de los Premios Princesa de Asturias, el apostar por tests masivos y aleatorios es un error conceptual. Me explico: lo que hay que hacer es dirigirlos a los grupos de mayor riesgo de transmisión y aplicando el rastreo de contactos, que es justamente lo que realiza el servicio de vigilancia epidemiológica. Es un trabajo muy duro, en la sombra, que no es muy reconocido. Les recomiendo la lectura de este artículo publicado hoy mismo, titulado Lección en el norte: cómo Asturias está doblegando a la bestia del coronavirus. Es para estar orgullosos de cómo lo hemos gestionado, pero no se confíen, hemos ganado una batalla pero no la guerra, el riesgo de rebrote con un virus tan contagioso y tan silencioso… está ahí.

Y mientras tanto, hoy mismo, el presidente del Principado, Adrián Barbón, ha planteado se anticipe la apertura de todos los centros de investigación e innovación. Es importante que nos pongamos ya en marcha

Y la noticia musical de la semana. Unos investigadores le han puesto música a las proteínas del coronavirus, ¿se acuerdan de nuestra música genética de noviembre?

¡Hasta la siguiente fase!

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