Diario de un Consejero de Ciencia. Semana 5.

Por Borja Sánchez.

Puedes consultar entradas anteriores de este diario haciendo clic aquí.

Muy buenas. He aquí una nueva, fresca y por supuesto tierna entrega de este particular diario semanal o hebdomadario que, a modo de ejercicio particular, me sirve para llevar cuenta de todo lo acontecido en Consejería. Digo lo de tierna en su sentido más blandito porque claro, no esperen encontrar en estas líneas ningún tipo de alarde literario. Les recuerdo cuál es mi modus operandi: recojo notas durante la semana, el viernes de noche/sábado por la mañana elaboro un borrador que, llegado el domingo y una vez el crío en la cama releo y publico. Como me dice un buen amigo (que espero un día lidere la edición de verdad de todas estas notas): muy guay tu iniciativa pero “a ver cuándo respetas las normas gramaticales básicas”, aderezado con una serie de adjetivos hacia mi persona que sólo los buenos amigos nos decimos, entre nosotros, con cariño.

Buscando he encontrado un libro llamado “Las 500 dudas más frecuentes del español” de la Editorial Espasa, que justamente aborda este tema (se puede adquirir por poco más de 10 €) y oye, yo ya he dado con una expresión que uso habitualmente y que no empleo bien: decir “a día de hoy”. Parece ser que es un préstamo que me he traído del equivalente francés “aujourd’hui” (les juro que fruto del aprendizaje de dicha lengua), y para el que los autores sugieren utilizar “hoy por hoy”, “hoy en día” o simplemente “hoy”. Ah… la France, qué hubiese sido yo sin todas las oportunidades científicas que me ha ofrecido la que es mi segunda casa a lo largo de todos estos años. 

Pensar en Francia me hace recordar muchos lugares y muchas personas, pero en estos momentos sería imposible no acordarse de Philippe Prior, mi supervisor en el CIRAD de Isla Reunión en 2014, y fallecido hace unos meses después de una larga enfermedad. Además de investigador ejemplar, Felipe (como yo le llamaba) era un excelente compañero de despacho con el que me divertía de lo lindo traduciéndole y explicándole dichos españoles poco ortodoxos como: t’es plus fainéant que le tailleur de Tarzánt’es plus fainéant que le boeuf de la crèche. Es decir, eres más vago que el sastre de tarzán o que el buey del belén, del pesebre vamos. Más que vago era un procrastinador profesional que se reía de lo lindo con las explicaciones que le daba sobre esos dichos, sobre todo cuando pasados 5 minutos las entendía. También recuerdo el día que otro compañero del CIRAD, muy blanco de piel o como decimos en Asturias “blancu como la cuayá”, llegó con unos pantalones piratas y Felipe y yo pensamos que había venido con los calcetines por fuera. Tres horas riéndonos hasta que el compañero en cuestión se enteró; he de decir en mi favor que Philippe tenía una risa muy contagiosa, ¡me río ahora mismo sólo de recordarlo, y eso que esto que les cuentos aconteció hace 5 años!.

Isla Reunión, Departamento Francés de Ultramar, vista desde el suroeste. La ciudad que se ve abajo es St. Pierre, donde se encuentra el CIRAD.

Vamos a lo serio, que es el trabajo en consejería. Hoy puedo decirles que el decreto que contiene la estructura de la Consejería de Ciencia ha pasado de ser borrador a realidad, y que ha sido aprobada el pasado viernes en Consejo de Gobierno (junto a la estructura del resto de Consejerías).  El decreto que hemos elaborado refleja una estructura de base para comenzar a gestionar de forma coordinada las políticas de investigación, desarrollo e innovación del Principado. La semana que viene realizaremos los nombramientos para las direcciones generales y a partir de ahí tendremos al equipo técnico a punto: una semana antes de lo que tenía previsto en mi mejor escenario. La estructura de la Consejería de Ciencia, obviamente, es modesta. No creamos ninguna dirección nueva pero aglutinamos todos aquellos servicios con competencias en I+D+i. Al concentrar bajo una misma consejería todas las competencias de ciencia se podrá dar una visión global, y sobre todo una estrategia, a todo el ecosistema de I+D+i: desde la educación superior al mercado, desde la generación de conocimiento y la canalización de toda esa creatividad hacia la creación de valor agregado e integrando las telecomunicaciones, en torno a las cuales se crearán muchos de los nuevos puestos de trabajo del futuro.

Este es mi equipo, yo mismo actuaré dualmente a modo de consejero y director general de investigación, y será la base sobre la que ir creciendo según las posibilidades financieras nos permitan ir incrementando paulatinamente nuestro presupuesto en I+D+i. Todo esto nos lo tendremos que ganar con trabajo y resultados. Para la semana que viene hablaré más que de este consejo de dirección, pero ya les adelanto que seremos un equipo multidisciplinar, joven pero competente en sus áreas, renovado, y que acometerá la tarea de apostar por la ciencia como base para un nuevo modelo económico. 

Si les decía que el primer peldaño de esa especie de escalera que es la apuesta decidida del Gobierno del Principado de Asturias por la ciencia era la creación de esta consejería, la estructura es el segundo peldaño. Más adelante hablaremos del Ministro Pedro Duque, pero si quieren saber por qué considero, y de hecho ya consideraba hace más de un año (y de dos, y de tres…) que ciencia y universidades, junto con innovación, estuvieran juntos, les recomiendo la lectura del siguiente artículo que escribía en el blog DCiencia: https://www.dciencia.es/pedro-duque/.

La agenda de visitas de esta semana ha orbitado (nuevo guiño al Ministro) en torno al Centro de Investigaciones en Nanomateriales y Nanotecnología (CINN), un centro mixto del CSIC, la Universidad de Oviedo y el Principado de Asturias, situado en pleno corazón de las cuencas mineras de Asturias. ¿Quieren un ejemplo de reconversión minera? El CINN es uno, y de los buenos. El lunes me acerqué hasta el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio (Concejo donde se encuentra este centro), y mantuve una reunión con una delegación local encabezada por su alcalde, quien me explicó el proyecto de ampliación con el que se pretende dar una mayor proyección al CINN.

Centro donde se ubica el CINN, con el castillete del Pozu Entrego a la izquierda

Un proyecto que incluye un programa que a mí me gusta personalmente, llamado “Open labs”, y que consiste simplemente en ofrecer laboratorios de alquiler en organismos públicos de investigación a empresas, que previa firma de contrato o convenio pueden aprovechar el ecosistema de investigación, el equipamiento, las propias interacciones con el personal científico… para innovar en su propia estructura (innovar… ¿sabrían darle una definición a este verbo?). La colaboración público-privada, siempre que se regulen de forma precisa los beneficios para ambas partes, y siempre que exista lealtad, es sin duda un elemento tractor para toda la política científica de nuestra región. 

Esta semana hemos recibido la noticia (aunque obviamente algunos a estábamos al tanto) de la creación del Centro Mixto de Investigación en Biodiversidad, que realmente sólo implica un cambio en el régimen administrativo de la actual Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad, dotándola por ejemplo de unidad contable propia. Todo lo que sea crear nuevos centros de investigación o de innovación en el Principado de Asturias es bien recibido, ya que nos permite crear nuevos espacios para la atracción y retención de talento, para la proyección científica de grupos emergentes, y también posibilita crear espacios de inversión en sus diferentes vertientes (no sólo la más estrictamente monetaria).

De izquierda a derecha el Rector de la Universidad de Oviedo, la Delegada del CSIC en Asturias, el Consejero de Salud, la Presidenta del CSIC, el Director del CINN, el Ministro de Ciencia, éste que les escribe, la Directora de la Ficyt, el Alcalde de San Martín del Rey Aurelio, la Alcaldesa de Langreo, y el Consejero de Industria.

El martes tuvimos el placer de recibir la visita del Ministro de Ciencia, Innovación y Universidades en funciones, Pedro Duque. Una visita fugaz pero créanme que estelar, como no podía ser menos al tratarse de tan renombrado astronauta. Como sólo daba tiempo a que, además de la correspondiente reunión y rueda de prensa en Presidencia, visitase un centro, creí que lo más oportuno era visitar el CINN. En primer lugar porque representa la colaboración entre 3 instituciones claves en la I+D+i asturiana, a la que podemos sumar también la colaboración de los 3 niveles de administración que existen en España. Y en segundo lugar porque el CINN puede encuadrarse dentro de la iniciativa de reconversión minera de un concejo hacia nuevas actividades económicas con la ciencia como base. Tuve ocasión de conversar largo y tendido (si tengo el día, hablo muchísimo) acerca de estrategia científica, ya que era el encargado de trasladar al Ministro en coche: tanto durante la ida y vuelta al aeropuerto como durante el viaje desde Oviedo a la planta industrial que el CINN tiene en Sotrondio (pueblo donde por cierto me crié). En dicha planta, el CINN fabrica piezas construidas con nanomateriales y que tienen mercados-destinos diversos, desde satélites hasta implantes, todo un ejemplo de transferencia de conocimiento y de innovación, es decir mercado. 

He de confesarles que el Ministro es una persona muy cercana y muy simpática, quién además de hablarme de política científica tuvo el placer de explicarme el porqué de los aporrizajes (según este humilde servidor público, dícese del porrazo que da un avión cuando aterriza en mojado): no en vano es ingeniero aeronáutico de formación. Por mi parte también le hablé muchísimo del mundo de la microbiota intestinal, de su interacción con la salud, y del increíble nicho de innovación que puede ofrecerle a una comunidad autónoma pequeñita pero con un potencial científico increíble como es Asturias. Y hablamos de colaboraciones, de la cantidad de programas que se podrían aprovechar del Ministerio para la puesta en marcha de programas científicos de diversa índole en nuestra tierrina.

En el despacho presidencial antes de comenzar la reunión con el Ministro

¿Les he dicho alguna vez que ese grupo de gente, a los que cariñosamente llamo amigos, y que puedo contar con los dedos de mis manos, se dedican a tocarme las narices enviándome todo lo que se mueve en redes sociales al respecto de mis visitas oficiales? De todos sus comentarios respecto a la visita del ministro, voy a quedarme con el de uno de ellos que me decía que parecíamos Sheldon Cooper y Howard Wolowitzy, los de The Big Bang Theory, Doctor por un lado e Ingeniero/Astronauta por otro. Para empezar Sheldon es doctor por partida doble, y ya me gustaría a mí tener el coeficiente intelectual o su memoria eidética. He de admitir que tanto la memoria visual como acústica son mi fuerte. Recuerdo ahora mismo a mi profesor de solfeo en 4º y 5º, Ignacio Ruiz de la Peña, cuando le daba el La de memoria o cuando pillaba los dictados a la primera (créanme, tiene truco). Después estudiando biología, estudiaba memorizando visualmente las páginas de los libros o de los apuntes; y no me fue mal. Pero creo que si escogiese algo relacionado con Sheldon, escojería tener un número que llevase mi nombre. En efecto, existe el número de Sheldon, mejor dicho, el número primo de Sheldon. Lo explico a continuación.

Resulta que en el episodio número 73 de la serie The Big Bang Theory Sheldon le pregunta a sus amigos: ”¿Cuál es el mejor número de todos?”, advirtiéndoles de que sólo había una respuesta correcta. El mejor número según Sheldon era el 73, y la explicación de esta preferencia aparecía en un artículo de Investigación y Ciencia hace un par de meses, a saber: el 73 es el primo número 21. Si invertimos sus cifras obtenemos el número 37, que es el primo número 12. Y al invertir este obtenemos 21, que es el resultado de multiplicar 7 y 3. Al escuchar esto en la serie, un grupo de matemáticos trató de ir más allá, y ver si otros números primos además del 73 poseían esas características. Resulta que no, el 73 es el único número primo de Sheldon, tal y como reflejan en un artículo publicado en American Mathematical Monthly.

Hace unas semanas me fui al capítulo en cuestión a ver si la explicación aparecía en la pizarra que usan como atrezzo de la serie y, efectivamente, ahí estaba. Hubiera sido la repanocha que 73 y 37 en binario fueran también palindrómicos… pero no: 1001001 (73)/ 100101 (37). Que sepan que esto mismo lo colgué en mi perfil de Facebook, y sólo el Presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo le puso un “me gusta”. ¡Gracias Carlos!

Abajo, a la izquierda, aparece explicada la “conjetura de Sheldon”

El número primo de Sheldon me sirve para enlazar con el café científico de la semana; ya saben, ese sobre de azúcar que no echo en el café. Como podrán deducir va de números: podemos dividir los números en pares o impares. La diferencia es sencilla, los números pares son múltiplos de 2. Los impares no lo son (¿y el cero? ¿es par o impar? Les dejo que lo busquen). Al parecer en Rusia sólo se regala un número par de flores para los funerales, para el resto de los casos el número es impar (cumpleaños, felicitaciones varias etc.). Así que si vas a Rusia y te regalan un número par de rosas… vuelve a la Consejería en el primer avión. 

Más. Entre las pocas cosas que comparto en mis perfiles de redes sociales, se encuentran de forma habitual noticias de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia y de un grupo de Facebook llamado Por la continuidad del Ministerio de Ciencia. A la AEAC ya la conocen: la primera asociación ciudadana pro-ciencia de este país, promovida por científicos en el sentido más amplio del término: les recuerdo que una persona no necesita estar todo el día en el laboratorio para ser considerada científica. Mismamente esto que ustedes están leyendo se publica en su web. En cuanto al grupo de Facebook, lo conocí a finales de 2017 preparando mi primer y único artículo para El País, que titulé: ¿Dónde ha quedado la política científica?.

Este grupo ha tenido diferentes denominaciones, primero demandando la creación del Ministerio de Ciencia y ahora pidiendo su continuidad. El día 28 de diciembre de 2017 publicaban lo siguiente “España a la cabeza de la inversión en ciencia en Europa. Hoy, 28 de diciembre de 2017, en una decisión sin precedentes, todos los partidos políticos se han puesto de acuerdo para dedicar un 4% del PIB a la ciencia, casi duplicando la media europea”. Inocentes ¡qué utópico suena incluso a día de hoy! Pero qué bien nos harían todos los partidos políticos si firmasen de una vez un Pacto de Estado por la Ciencia y, valga la redundancia, pactasen un incremento gradual en los recursos que dedicamos a la I+D+i. Tomen ejemplo de Navarra, yo voy a intentarlo en Asturias.

Pues de lo compartido esta semana, les recomiendo la lectura del artículo publicado en la web de la AEAC denominado “Cajal y la Escuela Neurológica Española (https://aeac.science/escuela-cajal/)”, escrito por Fernando de Castro Soubriet con el apoyo de Emilio Muñoz. Los autores nos recuerdan que la ciencia en España no siempre ha estado tan mal como ciertas personas de naturaleza crónicamente ceniza se empeñan en recordarnos. Este artículo es un perfecto complemento histórico al que el propio Emilio escribía en DCiencia.es hace pocos días, en el que daba una perspectiva personal a 60 años de política científica en España. Léanlos, reléanlos, es información de base para cualquiera que pretenda dedicarse a política o a la gestión de la I+D+i en España. 

Del grupo de Facebook, me quedo con esta publicación que compartieron ayer, en la que los autores afirman haber detectado actividad neuronal en discos cerebrales crecidos in vitro. Este tipo de mini cerebros se denominan organoides, y son modelos que acercan el laboratorio un poquito más a la situación que se vive en un órgano real. Estos modelos se utilizan cada vez más para comprender los mecanismos moleculares de diferentes enfermedades, por eso me parece tan importante que justamente estos mini cerebros tengan actividad neuronal; eso implica cierto grado de integración funcional y no una mera yuxtaposición de las células: tecnológicamente, es un paso más.

Y ya para ir acabando voy a empezar a presentarles a mujeres científicas de las contenidas en la tabla periódica elaborada por Teresa Valdés-Solís, Investigadora del INCAR-CSIC, excelente divulgadora, y que tengo el gusto de tener en mi escritorio. Hoy les presento a Tu Youyou, (que es como decir 3 veces tú :D). Tu fue premiada con el Nobel en Medicina, en 2015, por descubrir la artemisinina (qinghaosu), una familia de compuestos que han dado lugar a fármacos muy útiles frente al paludismo. A continuación les pongo la fórmula de la artemisina, cuyo nombre sistemático es, agárrense: (3R,5aS,6R,8aS,9R,12S,12aR)-octahidro-3,6,9-trimetil-3,12-epoxi-12H-pirano[4,3-j]-1,2-benzodioxepin-10(3H)-ona.

Me despido, ahora sí, con la noticia de la celebración en Oviedo de la XXXVII Reunión Anual de la Sociedad Española de Epidemiología, primer congreso médico de este tipo que tiene el marchamo libre de plásticos. Una pequeña ayuda frente al cambio climático y para la sostenibilidad de nuestros ecosistemas, consumimos demasiado plástico. Todos podemos ayudar y poner nuestro granito de arena, pero tal vez la mayor responsabilidad recaiga sobre los gobernantes, y los gobernantes necesitamos a la ciencia. Tal y como le dijo Greta Thunberg a Donald Trump hace escasos días: escuche a la ciencia.

¡Hasta la semana que viene!

Compartir este contenido
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Email this to someone
email