Disonancias periodísticas bajo la partitura del método científico

Emilio Muñoz Ruiz, socio promotor de la AEAC

 Los lectores de esta plataforma van a pensar que estoy empeñado en una cruzada  analítica  acerca de la relación entre periodismo y política  en estos tiempos de la realidad española marcada por la confusión y su secuela de desconfianza e incertidumbre.  Los que tal piensen no  estarán alejados de la intencionalidad de  estas reflexiones aunque existen matices que trato de explorar a continuación.

Hace unos días un socio fundacional de la AEAC, amigo y colaborador del CSIC, decía  refiriéndose a mi inclinación por el riesgo intelectual: “es que tú has cruzado varias veces  las fronteras de tus conocimientos  académicos o disciplinares”. Le agradecí la puntualización porque efectivamente desde hace muchos años he tenido la voluntad de cruzar límites, de ser puente, como algo inherente  a la condición de científico interdisciplinar que he buscado por medio de la acción indagadora, y no de la consecución de títulos. Sobre el noble objetivo  de la graduación académica han primado los logros de la investigación científica.

 Para cumplir este objetivo me ha  ayudado mucho un concepto del que uso, hasta el abuso quizá, que es el de la serendipia. Para aclarar este término, acudo al buscador que marca nuestras vidas, Google. Según consulta del 17 de febrero de  2019, la RAE no lo ha reconocido -tengo dudas porque creo que sí lo ha hecho- pero acepta su uso. En la entrada a “definicion.de” (https://definicion.de/serendipia/) se lee lo siguiente: “El concepto se vincula  a un descubrimiento que se logra de manera casual e imprevista, cuando se estaba tratando de conseguir algo diferente… también es la cualidad de una persona  para advertir que ha logrado descubrir una cosa importante… ( que) no guarde un vínculo con lo que buscaba”.

 En mi caso el disfrute de la serendipia para estas reflexiones sobre periodismo y política tiene mucho que ver con mi adicción a la lectura de un periódico, El País, a pesar de que mis acuerdos  a su línea editorial se confrontan a notables desacuerdos, pero eso corresponde a mi condición de científico. La ciencia es el lugar del debate  para desde el desacuerdo, buscar los acuerdos en función de las evidencias, de los resultados y los datos, e  incluso del respeto a los magisterios incontrovertidos y contrastados por la historia de la ciencia y el tiempo trascurrido. No hay dogmas en ciencia sino verdades evolutivas, repito una vez más y van… unas cuántas.

En momentos tan convulsos, tal pulsión lectora es no solo apasionante sino que requiere bastante esfuerzo y cooperación, en suma tiempo.  Cuando escribo este texto, domingo 17  de febrero, estoy leyendo con atención el ejemplar del sábado 16. De pronto, descubro una  Carta al Director (página 13) con el sugerente título de “Nunca he opinado sobre “los Jordis”, que firma nada menos que Sir Paul Preston desde Londres. Paul Preston (21 de julio de 1946) es, junto a Gerald Brenan, Raymond Carr y Hugh Thomas, referente de los  hispanistas británicos  dedicados al estudio de la historia reciente española, especialmente en lo relativo a la Segunda República y la Guerra  Civil. Tiene la orden del mérito civil (título de Sir, que se otorga a quien se distingue en su profesión o en su conducta y que también es un tratamiento de respeto  o cortesía).

La carta de este respetado científico  británico es una enmienda al artículo publicado en El País (Opinión) por Rubén Amón el 7 de febrero de 2019  y titulado “Jordi Sánchez y Jordi Cuixart/ Vaya par de gemelos”; el historiador objeta la siguiente frase: “ Jordi & Jordi adquirieron la reputación de presos políticos… Se las han concedido otras personalidades internacionales como Noam Chomsky y Paul Preston desde el  exotismo y el pintoresquismo “. Preston rebate del modo siguiente: “Ya que  yo nunca he emitido ningún juicio sobre los señores Sánchez y Cuixart, es imposible  que el periodista Amón sepa mi opinión sobre este caso. Por lo tanto os ruego  se rectifique lo dicho por mí por este periodista”.

Parece que el periódico da con la publicación de esta carta por ejecutada la rectificación solicitada. Debo señalar que de acuerdo a la práctica científica y a la aplicación de la ética de la responsabilidad que conlleva, esta rectificación no es adecuada. Debe ser el autor quien rectifique, el cual  por cierto ha incurrido en la mala práctica de no dar referencia alguna que justifique estas citas. Más grave es que en la versión online (consulta de 17 de febrero de 2019)  haya desaparecido el nombre de Paul Preston en dicho artículo aunque se mantiene el de Noam Chomsky, sin que de nuevo haya referencia alguna que justifique tanto la eliminación de Preston como el mantenimiento de Chomsky.

Esta solución en la que no se sabe si es el autor el que rectifica o es el periódico el que lo hace, me lleva a  lanzar una lanza en favor de Noam Chomsky en el texto revisado actual. No creo que el reputado lingüista a sus noventa años y en su nuevo destino en Arizona, sea lector de El País, puesto que en el suplemento Babelia del mismo periódico de 10 de marzo de 2018 , Jan Martínez Ahrens publicaba una entrevista con el gran intelectual y académico en portada en el que se enfatizaba su retiro y su abandono de la vanidad. Por lo tanto el periódico para mantener el nombre de Chomsky debe justificar que el gran científico social está de acuerdo con esa atribución del señor Amón.

En ese mismo número, sábado 16, y en la misma sección y página, aparece otra carta al Director, en este caso del ex ministro José Ignacio Wert. En este caso el señor Wert rectifica un extremo de la entrevista concedida por la ministra Isabel Celáa al periódico el día anterior. La rectificación que solicita con referencia a Eurostat no es a datos ofrecidos por la ministra sino a su juicio de valor o apreciación  de que “su normativa ( la ley Wert ) agravó el índice de abandono escolar temprano”; en mi modesta opinión el error de la ministra  radica  en hablar en términos absolutos sin ofrecer datos  y no mencionar la situación comparativa en el ámbito de la Unión Europea ya algo de verdad existe, puesto que según  dicha fuente, España sigue siendo   en 2017 el segundo país de la Unión con mayor abandono escolar, no obstante la notable reducción conseguida desde 2006 . Estas disonancias son un fiel reflejo de los problemas de la inmediatez de la información que ya hemos denunciado.

 Sin embargo en el mismo número del periódico (sábado 16 y página 45) se publica un magnífico trabajo  de Manuel V. Gómez en el que con abundancia de datos y gráficos señala que “el plan  del Gobierno actual  contra la explotación laboral-  su nombre oficial es ´ por el empleo fijo´- empieza a dar frutos. La campaña lanzada en agosto de 2018 ha llevado a aflorar más de 70.000 fraudes laborales, mientras que la Inspección detecta en solo un año casi 19.000 falsos autónomos”

Por lo tanto  parece obvio que el método científico y el periodismo se pueden abrazar. La variable fundamental que emerge para dar cuenta de las disonancias es el  tiempo con el que se elabora  y se expone la información.  En términos conceptuales, la diferencia está entre la inmediatez/ la emoción  frente a  la distancia y la calma/ la reflexión.

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