Las formas importan en biología, ¿por qué no exportar tal importancia a la arena del debate político?

Por Emilio Muñoz, socio promotor de la AEAC

La divulgación sobre biología me ha permitido seguir  el desarrollo del ámbito de las ciencias de la vida en el período tan importante de una evolución que abarca ya más de un siglo y cuyos logros y significados no decaen, sino que más bien se propagan proteicamente por este complejo primer cuarto de siglo XXI. Lo significativo para mí, en tanto que entusiasta seguidor y voluntarista contribuyente a la filosofía de la biología, es  que la biología forma parte de un fascinante proyecto de avances en los conocimientos científicos y en las aplicaciones tecnológicas que  se fundamentan en un arriesgado proceso de hibridación entre visiones y disciplinas-lo que ha devenido a ser  el desafío de la interdisciplinariedad- por el que se avanza de modo fulgurante si bien no exento de titubeos y resultados contradictorios.

Existe una revista a la que tengo mucho apego por sus objetivos así como por sus retos interactivos y cooperativos. Me refiero a Science in School ( The European journal for science teachers), la revista destinada a establecer la ligazón entre el profesorado en los primeros niveles educativos, las ciencias y los alumnos en la década de los 10 a los  19 años; nació a nivel europeo y promovida por siete grandes instalaciones científicas del continente, desde el EMBL ( biología molecular) hasta el ESO( astronomía y astrofísica) pasando por la ESA ( ciencia y tecnología del espacio), agrupadas en el EIRO Forum[1]. Con el objetivo de recoger y difundir experiencias  de la enseñanza de la ciencias,   asentadas en la mezcla de la investigación científica y la investigación educativa, se publica trimestralmente.

El número 46, indicativo de una historia de 12 años, correspondiente a la primavera de 2019, encabeza la portada con el título “ Cells: why shape matters”  ( Por qué la forma es importante en las células) que corresponde a un artículo que, dirigido a estudiantes de 16 a 19 años, afronta la relación entre morfología y función celular- conexión esencial para entender la biología celular y la histología- a lo largo de las páginas 8 a 13 bajo la sección que se rotula Understand ( Entender). Su autora es Pryamvada Chugh , una científica india que ha trabajado en la investigación científica cruzando fronteras geográficas y atravesando temáticas: su ficha bibliográfica la describe como “ apasionada por la comunicación de la ciencia y de sus gratificantes logros a una audiencia diversa “.

Ofrezco a continuación una síntesis. La forma de las células está ligada a sus funciones, importante propiedad que se enriquece además con una gran flexibilidad. Esta característica es crítica para esa maravilla de potencial creativo y estrategia regulatoria que es el desarrollo embrionario. En este cautivador proceso las células cambian para diversos fines: diferenciarse en tejidos, intervenir en procesos de agregación mucho más complejos, y actuar con eficacia y eficiencia  en las actividades asociadas con la división. Tal capacidad de cambios morfológicos ha supuesto un reto en términos de regulación y control. Hoy en día gracias a estudios con modelos animales seleccionados como el pez cebra, la mosca de la fruta o relacionados con  procesos patológicos como el cáncer se ha llegado a identificar el papel esencial de la superficie celular (córtex) cuyas propiedades físicas determinan la flexibilidad o rigidez de dicha superficie. Para  completar este cuadro, hay que insistir en la riqueza de la paleta con que las formas influyen en los procesos vitales. A este respecto, cabe señalar que también juegan un papel significativo  en muchas enfermedades, entre las que se cuentan las infecciosas y las de base genética.

Este fascinante cuadro que se ha esbozado ha sido posible  gracias al uso de nuevas técnicas resultantes, como en tantos otros campos de la biología moderna y contemporánea, de la colaboración entre biólogos y físicos,  lo que nos sitúa en momentos de esperanza con logros   que pueden salvar vidas  por su valor en el diagnóstico anticipatorio.   Se atribuye más peso a la medicina preventiva.

Ante el sugerente cuadro que se ha mostrado en torno a la importancia de las formas en biología, me atrevo a plantear una posible traslación del significado de las formas a la arena política y que  me parece pertinente, como caso, circunscribir a la campaña electoral de las elecciones generales de 2019 y de modo más concreto a los dos debates centrales a la misma. Acudo para ello a una estrategia que combina la interdisciplinariedad al recurrir a la síntesis entre la metáfora continuada y  el recurso a la psicología comportamental. Soy consciente de la complejidad del envite y que voy a necesitar recurrir a equilibrios y saltos – perdón por esta dialéctica casi circense pero es que los citados debates algo han tenido de espectáculo circense y no del mejor. El primer salto es semántico puesto que el término  forma (y su modo verbal, formar) son polisémicos ya que se relacionan con el mundo físico: configuración, apariencia, formato, diseño (dimensiones formativa y organizativa) , o con el ámbito de la mente: modo, manera, estilo, tono, modales (dimensión performativa).Esta última acepción guarda una muy estrecha relación con un concepto muy usado en el siglo pasado, sobre todo en sus dos primeros tercios, pero que ha caído en desuso aunque quizá encuentra ahora su proyección en el civismo. Me refiero a urbanidad que se define  como: “comportamiento acorde con los buenos modales que demuestra buena educación”.

Para valorar esta actividad de relación social tengo que hacer un salto de espacio y tiempo para remitirme a mi época escolar( años 1945-1954)- en la que se nos evaluaba con un Boletín que recogía dos criterios: uno,  la valoración de la competencia con notas de 1 a 10 en las asignaturas del currículo de cada año; otro que aparecía en la parte superior con dos casillas que perseguían valorar cualitativamente dos dimensiones de esta actividad comportamental : la conducta y la aplicación, evaluación que se expresaba en cuatro niveles con adjetivos: excelente, buena, regular y deficiente.      

Pretendo aplicar esta estrategia valorativa como objetivo de la parte final de este texto. Por lo que se refiere a los debates hay que reconocer en primer lugar que se han constituido en el punto focal de la campaña y con ello han sido los actos con mayor repercusión informativa. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de las empresas emisoras y de los moderadores, existe consenso que la calidad moral e instrumental de los mismos fue mediocre ( no se observó una estrategia o conducta cooperativa y destinada a los objetivos esenciales y muchos de estos como los aspectos sociales, ambientales, económicos, educativos, científicos , culturales y los relativos a las relaciones exteriores apenas se trataron; se impusieron la crispación, y  la cuestión identitaria de los nacionalismos y los populismos proyectada sobre Cataluña). 

Respecto a los cuatro candidatos, señalaría en primer lugar que el Sr. Iglesias fue el que mantuvo las mejores cotas,  tanto en la conducta  como en la aplicación, con  niveles semejantes en ambos debates alcanzando el nivel de bueno. La actuación  del Sr. Sánchez fue más discreta,  no impuso una estrategia y fue reactivo, cabría calificar de  mejor la intervención en el primer debate con una  valoración de buena en conducta y de regular en aplicación, mientras que en el segundo  pasó a regular/deficiente en conducta y mantuvo la de regular en aplicación. Los otros dos candidatos, Sres. Casado y Rivera si impusieron su estrategia pero  en el contexto de la  presente evaluación,  basada en las características de conducta y aplicación  lo que conlleva una cierta repercusión en  ética de la responsabilidad y  del compromiso con otros (empatía), es dudoso que tal estrategia de imposición se pueda calificar positivamente. Su  comportamiento distó mucho de cumplir con  criterios de urbanidad ( mentiras, insultos, tonos  despectivos e intimidatorios), con lo que ambos merecerían en conducta la calificación de deficiente en el primer debate, mientras que en aplicación se valoraría entre regular y deficiente según matices; en el segundo el Sr. Casado mejoró algo su conducta ,  a juzgar por su comportamiento al ser atacado sorprendentemente por el Sr. Rivera, hasta alcanzar una calificación de regular/deficiente, mientras que la actuación del Sr. Rivera descendió en esta categoría movido por la histeria –evidente actitud-hasta niveles casi incalificables. Con estas características, la aplicación de ambos candidatos tampoco puede ser calificada con nivel medio ni mucho menos alto[2].

A mayor abundamiento, hubo dos datos sorprendentes  en relación con las comparecencias finales, ya que en el primer debate el Sr. Sánchez no se presentó a ofrecer el resumen final, aduciéndose razones personales, lo que podría ser aceptable para no rebajar la calificación en conducta pero si rebajaría la correspondiente a aplicación; en el segundo no hubo problemas en este elemento final del debate. Los Sres. Casado e Iglesias  cumplieron razonablemente este compromiso en los dos actos. El caso del Sr. Rivera fue particularmente sorprendente al final del segundo debate, pues  desveló un estado de agitación que ha movido a toda suerte de suspicacias y que en todo caso incide a peor sobre la calificación de conducta, confirmando la apreciación de falta de equilibrio emocional exhibida durante el  debate como se ha apuntado anteriormente.

Este modesto ejercicio valorativo  persigue objetivar  las actuaciones en los debates, aflora como un paso para sugerir que muchas de las valoraciones expuestas al día siguiente   por los considerados expertos en distintos medios de comunicación, han podido adolecer de influencias emocionales, y quizás ideológicas,  no teniendo en cuenta el valor de las formas en los comportamientos-que cómo hemos procurado mostrar son esenciales para la modulación en biología- , olvidando  de este modo el viejo pero esencial  concepto de la urbanidad en el ejercicio de la inteligencia emocional.

 ¿No es este acaso un buen indicador para medir la capacidad para dirigir el gobierno de un país democrático?


[1] https://www.eiroforum.org/

[2] Los resultados electorales han confirmado esta apreciación

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