Método científico, ética de la responsabilidad y “periodismo fiscal”

Por Emilio Muñoz. Socio promotor de la AEAC .

En la semana que cierra enero de 2019, el periódico El País ha puesto en marcha un programa interesante en el que  por iniciativa de la dirección se está interpelando a los lectores con la pregunta ¿ Y tú que piensas? Me he sentido interpelado ante la acumulación de acontecimientos sociales y políticos,  sobre todo respecto a la actuación de los medios de  comunicación. Lamentablemente no sé cómo intervenir en el diálogo con el periódico.

Aprovecho por tanto la web de la AEAC para continuar  la serie de artículos sobre periodismo manteniendo  la confianza en  la aplicación del método científico  al que me he  atrevido a calificar de “ banderín de enganche” de la Asociación, y apoyándome ahora en la base que ha sustentado  muchos de mis intereses y directrices estratégicas en las últimas décadas: la(s) ética(s) incidiendo en este caso  sobre la ética de la responsabilidad en el  sentido weberiano del término , más que en la visión que abrió el filósofo alemán Hans Jonas hace tres décadas con el enfoque sobre la tecnología moderna.

Sobre este armazón voy a intentar emprender una reflexión crítica sobre una formula del periodismo al que se acude mucho en nuestro país desde hace unos años en el debate político y al que oso  llamar “periodismo fiscal o fiscalizante”  por su punto de partida y por sus pretensiones.  Recurro al ámbito de la historia y a la metodología de la historia vivida para  desarrollar tal posición.

 El desencadenante ha sido la denuncia que ha hecho el periódico El confidencial sobre las  cuestiones relativas  al  tratamiento fiscal de  las actividades del Pre-candidato a la alcaldía de Madrid por el PSOE, el señor Don José Vicente Hernández, más conocido mediáticamente como Pepu Hernández, entrenador de éxito en el baloncesto español y con resonancia internacional . En un artículo firmado por José María Olmo apenas 24 horas después de haber sido propuesto  como pre-candidato por el Secretario general del partido y presidente del  Gobierno, se expone que este señor siguió la fórmula  de la sociedad interpuesta, que  si no me falla la memoria , postuló con éxito   el señor don  Josep Piqué, ex ministro del Partido Popular en diversas carteras ( 1996-2000, Industria y Energía; 1996-2000, Asuntos Exteriores)  bajo la presidencia del señor don José María  Aznar. Se propuso como un instrumento  útil  para  gestionar los ingresos extraordinarios respecto a, pago de impuestos ( IRPF)  por actividades  artísticas, aparición en medios de comunicación, conferencias, libros  y artículos , productos más o menos relacionados con el  estatuto profesional  de una  persona física. Justo un día después, idéntico medio publicaba que el citado Pepu Hernández había recibido una inspección o declaración paralela de Hacienda  de la que resultaba una sanción, que había sido satisfecha debidamente por el ciudadano en cuestión. Conviene señalar además que los hechos tuvieron lugar hace más de una década  y por lo tanto si hubiera algún ilícito fiscal  todavía pendiente, habría prescrito.  

Acudo a continuación a la historia vivida. Mi actividad profesional ha sido la de investigador científico como servidor público. Personalmente, afronté por primera vez una declaración de rentas estando en la treintena, cuando  trabajé durante dos años en  la Universidad de Nueva York (NYU, de sus siglas en inglés).   La experiencia  fue reconfortante; la obligada declaración (auto declaración en mi caso) para salir del país me daba un resultado neutro, sin embargo meses después ya en España  recibí un cheque del Tesoro  de los Estados Unidos a mi favor por haber aplicado, en contra de mis intereses, una deducción por gastos de vida. 

Regresé pues fortalecido en mis inclinaciones por la defensa de lo público convencido que el pago de impuestos era no solo necesario sino bueno .En los años del  tardofranquismo  traté de cumplir lo que entendía   como obligaciones fiscales. Fue un esfuerzo baldío porque llegué hasta entrevistarme con un inspector, pero del encuentro saqué la conclusión de que el primitivo sistema no se interesaba por las rentas del trabajo, sino por la identificación de signos de riqueza.  Relativamente pronto llegó con la Transición  y  la reforma fiscal  del añorado ministro, Francisco Fernández Ordóñez  quien  desempeño varias carteras en  desde 1977 hasta 1992.  Me sentí animado  y practiqué con entusiasmo la auto declaración hasta que un pequeño error aritmético por mi parte desencadenó un complejo proceso burocrático .Percibí que el espíritu de la burocracia de nuestro incipiente reformado sistema fiscal era muy distinto al de la experimentada administración norteamericana, probablemente la desconfianza y la inexperiencia ponía en alerta de  emociones justicieras. Por eso valoré que era necesario acudir a  la asesoría fiscal. Desde entonces, quizá en la mitad de la década de 1980, he actuado como fiel contribuyente sintiendo que vivía  en una especie de ejercicio en la cuerda floja, sobre todo a partir de 1988 en que empecé  a recibir remuneraciones modestas pero variadas como experto solicitado para dictar conferencias, escribir artículos y capítulos de libros, e intervenir en actividades y proyectos europeos.  Tuve la oportunidad de acogerme a la obtención de una licencia para realizar actividades artísticas o artesanales por las que  se pagaba una razonable cuota y  que colateralmente como licencia de escritor  acogía mi actividad extraordinaria. Lamenté que no  existiera licencia  alguna asociada a la gestión, comunicación y asesoría en cuestiones científicas y tecnológicas. Asimismo como sufriente y responsable actor socioeconómico  experimenté los cambios que en el sistema  fiscal español introdujo la llegada del que se ha considerado como “mejor ministro económico  en la España democrática”, el señor don Rodrigo Rato (1996- 2004). Se eliminaron deducciones muy valiosas para mí como la medicina dental, los gastos en especialidades farmacéuticas  y  los gastos en óptica, el  pago por las licencias de las actividades aunque se aceptaran para la declaración fiscal ( y no olvidemos la liberalización del suelo ).

Esta panoplia de reformas neoliberales  hizo aumentar mi sensación de cuerda floja como contribuyente responsable  por la dilución y la difusión de lo regulatorio. En este proceso de cuarenta años  de fiscalidad he experimentado algunos sobresaltos  afortunadamente resueltos y hasta, en un momento de pico de mis ( modestos) ingresos, se me ofrecieron  desde la asesoría, preocupados por lo que juzgaban  injusta desigualdad en la cuantía de pago de mis impuestos  respecto a otros clientes de la misma gestoría,  diversas posibles soluciones, que rechacé por convicción y responsabilidad ; en el caso de crear una sociedad  mercantil gracias a  la ayuda de mis hijos que vieron incluso mejor que yo lo inapropiado de la propuesta.

Este ejercicio de transparencia me da una cierta fuerza moral para sorprenderme de la creciente práctica del periodismo fiscal: en primer lugar  porque me  pregunto si se conculca el derecho a la privacidad de estos datos  y consecuentemente me sobrecoge la rapidez con que se pueden difundir. Accedemos a ellos hasta con inmediatez cuando no son situaciones de ilegalidad sino de malos procedimientos administrativos que en muchos de los casos se han saldado por diferentes medios de regulación fiscal. El secreto sí que se mantiene para  regularizaciones de alcance, algo similar a  leyes de amnistía fiscal…

 En estos últimos años hemos sido testigos  de los  casos del propio ministro milagro, Rodrigo Rato, del expresidente del gobierno, José María Aznar-  cuya situación fue mucho más extrema que  aquella por la que se ha denunciado periodísticamente a Pepu Hernández. En el ámbito  de los deportistas asistimos a  los casos de los ídolos Cristiano Ronaldo, Leo  Messi y Xavi Alonso. Lo más sorprendente es   lo que ha ocurrido en estos últimos nueve meses,  casos muy diferentes  pero con un nexo común, la asociación con Pedro Sánchez al acceder a la presidencia del gobierno por la vía legitima der la moción de censura. Me refiero  a Màxim  Huerta, Pedro Duque, Isabel Celáa,  Nadia Calviño y ahora Pepu Hernández. Evidente que para justificar este periodismo  se acude a una frase  de Pedro Sánchez que habrá que contextualizar en lugar de tomarla como dogma.

Las preguntas que lanzo  como científico y contribuyente responsable son las siguientes:   ¿Dónde está la ética de la responsabilidad de este periodismo fiscal? ¿Cuáles son las fuentes  para aplicar su modo científico de indagación u obtención de resultados tan espectaculares en corto tiempo?  

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