El premio Nobel de Química de 2020 y las reacciones sociales en España llorando por un científico español

Emilio Muñoz, socio promotor de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia y miembro de su Consejo Consultivo nos deja sus reflexiones sobre la concesión del Nobel de Química 2020 a la tecnología CRISPR y la no inclusión del microbiólogo español Francis Mojica, que realizó los estudios biológicos que sentaron las bases sobre las que se desarrolló esta tecnología.


Parece que la concesión del Premio Nobel de Química el año 2020 a Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna por el nuevo avance en edición genética que es la tecnología CRISPR-Cas9 ha suscitado reacciones sociales en España lamentando que haya quedado excluido el microbiólogo español Francis Mojica a quien su trabajo con bacterias halófilas -que viven en altas concentraciones salinas- en su laboratorio modesto pero digno de la Universidad de Alicante permitió sentar las bases de ese descubrimiento cuyas aplicaciones son enormes aunque no exentas de debates. Por cierto, los estudios sobre bacterias halófilas han sido una de las señas de identidad de dicha universidad levantina.

Entre estas reacciones el periódico El País del sábado 10 de octubre publicaba una sentida carta de un ciudadano de Lérida declarando que nuestro compatriota merecía el Nobel de Química.
Quiero establecer en estas notas algunas reflexiones desde la filosofía y sociología de la ciencia y de sus políticas porque considero que es una de las funciones de la AEAC en su condición de asociación ciudadana.

El contexto del problema

Hace unos dos años se produjo un amplio movimiento de la comunidad científica a través de algunas de sus sociedades y de COSCE en particular para promover la candidatura del profesor titular Francis Mojica para ese premio.

En aquellos momentos ya expresé en algunos entornos que tenía dudas razonables sobre la base de la historia y estrategia de las concesiones de los Premios Nobel de que hubiera un premio para reconocer dicha tecnología. Aduje las siguientes razones: a veces cuando un movimiento muy fuerte y mediático en favor de un descubrimiento o un avance técnico, el Comité Nobel suele marcar el territorio con la concesión de premios que ralentizan las expectativas para ese avance, y en los años 2015, pleno auge de la tecnología CRISPR-Cas 9 se concedió el premio de Química a los estudios sobre reparación del ADN y su incidencia en los cánceres humanos y en el año 2018 el premio se otorgó a la revolucionaria tecnología inspirada en la teoría de la evolución y la selección natural de la síntesis dirigida de proteínas. Por otra parte, era lógico desde el plano de la política científica de la que siempre hay gotas en las concesiones de los Nobel, la comunidad científica española debía hacer autocrítica puesto que el acreditado premio de Investigación Científica y Técnica Princesa de Asturias fue concedido en 2015 a las dos investigadoras galardonadas este año con el Nobel sin incluir al científico español en ese galardón ni en los discursos mediáticos que siempre hay alrededor de esos prestigiosos galardones. España no apostaba por lo suyo en tanto que Francis Mojica iba a recibir en poco tiempo después algún importante reconocimiento norteamericano.

Siguiendo con el plano de la filosofía de la política científicas sobre la que he trabajado, ha sido una constante no explicita, pero si apuntada en los resultados de la concesión de premios Nobel en áreas biológicas con el desarrollo espectacular de las biotecnologías y las ómicas, que el Comité Nobel no ha sido muy proclive a conceder los premios a las investigaciones que estaban teniendo éxito comercial o que estaban envueltas en una dura batalla sobre patentes y su explotación. Y el caso de la tecnología CRISPR ha sido un caso de libro sobre esta batalla entre instituciones norteamericanas y sus investigadores. Tampoco ha sido el citado comité muy afín a conceder premios a tecnologías todavía pendientes de mostrar claramente sus beneficios y sus respuestas a cuestiones éticas claves. Este es asimismo el caso de CRISPR.

La sorpresa de un premio y sus condicionantes

Por lo tanto, además de reconocer el error de mi análisis de base realizado apenas hace dos años, debo señalar también mi sorpresa por la concesión de este Nobel y precisamente a las dos investigadoras que han estado aparentemente algo alejadas de los conflictos comerciales y las aplicaciones de dudosa responsabilidad ética, en los que han estado esencialmente implicados investigadores varones.

Como simple conjetura, y muy difícil de probar, ese giro en las políticas de concesión quizás se deba a la pandemia, y dentro de ella a la importancia que va a tener la genómica para profundizar en los conocimientos de sus características para su detección y para comprender la diversidad que está mostrando el coronavirus SARS-CoV-2 en lo atinente a contagiosidad, infectividad, prevalencia y efectos secundarios. Es posible que esta influencia de la genómica se pueda extender hasta las vacunas.

España y las políticas de y para la ciencia

Respecto a este complejo contexto y todos los condicionantes expuestos, no cabe más que constatar que el magnífico descubrimiento del Dr. Mojica está muy alejado de los mismos y que fue llevado a cabo en un país como España donde la ciencia tiene muy poca importancia. Está siendo descubierta mediáticamente con la pandemia, pero desgraciadamente de forma muy sincopada y sin ser entendida, además de estar entrando peligrosamente en el litigio político de crispación que aplana a los ciudadanos, pero no a la curva de los contagios con la covid-19.

Además de lo mencionado con el premio Princesa de Asturias de 2015, lo más dramático a nuestro juicio es el escaso impacto y bajo eco que ha tenido la ciencia en todos los medios de comunicación respecto a la presentación del plan que pretende ”rescatar a España de la crisis y modernizar su economía”. En la presentación del presidente del Gobierno hubo una mención de segundos y personalmente no he encontrado más referencia que en las últimas líneas de un artículo titulado ”Los ejes del plan para modernizar España“ en el que los tres autores, Luis Doncel, María Sosa y Manuel Planelles, apenas encuentran espacio para mencionar que de los fondos del plan se destinará al “pacto por la ciencia y la innovación“ el 16,5%.

Ante el entusiasmo que muestra la información de la sociedad española por la ciencia y su influencia en el proceso de tanta importancia, no puede sorprender a nadie en una sociedad global tan dependiente la comunicación de que el comité Nobel de Estocolmo no haya puesto su atención ni tenido en cuenta el descubrimiento de biología básica que está detrás del CRISPR-Cas9.

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