Periodismo y método científico

Por Emilio Muñoz, Socio Promotor de la AEAC

Imagen: https://desocultar.wordpress.com

El pasado 26 de octubre se ha publicado un artículo de Opinión en El País con el título  “De hienas, buitres y coleópteros” cuyo autor es el reconocido periodista José María Izquierdo (https://elpais.com/elpais/2018/10/25/opinion/1540486799_869813.html; página 11 de la versión en papel). Este texto ha llamado la atención de quien escribe estas líneas por considera que supone  una perspectiva inédita  del análisis socio político puesto que, de forma consciente o quizás inconsciente, ha seguido  algunas  premisas fundamentales  del método científico para su elaboración.

De hecho ante tan importante disrupción en el ámbito convulso de la información socio política, he difundido el mismo  entre amigos y colegas  relacionados con la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), acompañando el enlace al texto con una conclusión arriesgada por mi parte: que el trabajo constituye un diseño  que caracteriza a un ECOSISTEMA DE LA CARROÑA  inspirado por el momento de la política en España. La llegada del artículo  a la Secretaría de la Asociación ha propiciado la decisión  de ofrecer un enlace a dicho trabajo en la web institucional y se me ha solicitado una presentación del mismo.

Puedo aceptar este encargo porque se apoya en la magnífica combinación que resulta del rigor y la amistad. José María Izquierdo es un periodista de reconocida historia y de definido carácter. Hecho a sí mismo partiendo de una familia modesta ha sido, entre otras cosas, subdirector del periódico El País o introductor de la experiencia que supuso Canal Plus en el mundo de la información como primer canal de pago televisivo. Ha protagonizado un periodismo innovador con series, reportajes que han cristalizado en libros y hasta en algún documental  como “Leandro, el fantasma de la Moncloa “,  “Elogio del panfleto y reivindicación de la democracia “, y “El fin de ETA” (con Luis Aizpeolea)  por citar algunos de los más recientes: a ello se unen sus ”Ojos“ críticos diarios, durante cinco días de la semana, sintéticos y profundos   a la vez .

Lo he conocido como lector y oyente asiduo de su obra. Pero  hace cinco años tuve la oportunidad de conocerlo personalmente gracias a  Antonio Laborda, un común amigo y editor compartido, con motivo de la publicación de mi libro en La hoja del monte sobre  “La economía reclama (inter) disciplina”, ya citado en esta web. Desde entonces hemos cultivado una creciente amistad,  jalonada por comentarios por sms a los  “Ojos”, algunas conversaciones  telefónicas, estratégicas en momentos especiales de la reciente política española, comidas de trabajo.  En una de éstas, hace ya algunos meses, acompañados por Borja Sánchez, hablamos del lanzamiento de la Asociación Española  para el Avance de la Ciencia. A pesar de su modestia innata que le hacía sentirse alejado  la esfera de la ciencia, si bien me consta su interés por la misma y su admiración por divulgadores y científicos  como  Carlos Martínez Alonso y Javier Sampedro, aceptó seguir  por correo electrónico el nacimiento del grupo de Comunicación de la AEAC, hoy una interesante realidad. Compartimos durante algún tiempo ese proceso, trufado de fascinantes y complejos mensajes, y salimos prácticamente a la vez del grupo, una vez que se consolidaba operativamente, porque ambos somos más amigos de la palabra como instrumento para el debate reflexivo que para la  centelleante inmediatez de las redes sociales que ahora preside la comunicación.

En el curso de este quinquenio he llegado a aplicar en mi archivo mental una metáfora de este humanista, tomada del reino vegetal. Lo veo como un olivo: profundas raíces, recio tronco, densa copa y una pléyade de frutos, ricos, variados, diversos en el sabor y por su incidencia sobre la salud (mental).

La publicación del artículo cuyo enlace ofrecemos me ha llevado a pensar que es en cierto modo un efecto indirecto de la AEAC, un reconocimiento implícito a sus objetivos y valores. Un periodista de garra ha arriesgado esfuerzo y reconocimiento profesional para internarse, sin saberlo, en la biología de sistemas, y con este paso describir un ecosistema del entorno socio político, que se puede  explicar desde la perspectiva biológica que gestiona la carroña en la naturaleza. Es un modelo exportable al mundo actual de la globalización y el  predominio de las emociones guiadas por el interés cortoplacista frente  al pensamiento reflexivo. Es un hallazgo en el campo de las ciencias humanas y sociales.

Por ello en mi último mensaje de expresión sobre su texto me he atrevido a hacerle llegar por medio de un enlace del todopoderoso Google que recoge contribuciones y potenciales impactos, el  concepto de “convergencia evolutiva intelectual, CEI “,  que he acuñado en esta última década  con motivo del cruce de investigaciones sobe filosofía de la biología moderna y filosofía de la política científica.

La sorpresa agradable ha llegado cuando en su respuesta y con su  habitual laconismo  en este medio del silicio, me ha dicho: ¡Qué interesante este enlace! Tenemos que vernos. Para exclamar a título personal: ¡Albricias, más CEI todavía!