Democracia, Investigación y Desarrollo Tecnológico

Nota introductoria

Por Emilio Muñoz

Cuando hace seis años, se inauguró esta sección con un artículo, dentro del pensamiento crítico, sobre el concepto de (re)evoluciones analíticas sobre los virus y su traslación a la vacunación sociopolítica a través de Bernard-Henry Levi ,no podíamos pensar en qué nivel de estabilidad se encontrarían tras ese tiempo, las relaciones entre ciencia y democracia que veníamos explorando en colaboración con Jesús Rey acerca de las similitudes, las conexiones y la búsqueda de identidades para y entre ambas instituciones sociopolíticas. La conclusión es sencilla y preocupante: han sido seis años bastante fructíferos para lo que fue inicialmente un sueño, si bien hoy casi entrando en la distopía.

Esta breve alusión a un potencial desorden de la situación fáctica de los escenarios analíticos, se ha hecho triste realidad a partir del 20 de enero de este año, con la toma de posesión de un presidente de los EE. UU como Donald Trump, una ceremonia que por si misma fue un triste presagio de lo que podría ocurrir a la vista de la nube que le rodeaba: lideres del tecno feudalismo, estrategas políticos predispuestos a la polarización, al negacionismo a los problemas reales y a las verdades evolutivas de la ciencia, con desprecio a los potenciales beneficios de unas tecnologías que se apliquen a la solución de problemas diversos, en lugar de ser terreno, en el lado oscuro de la Red, para que se difundan los exabruptos de los odios, la extorsión de las bravuconadas de los propios, de los desprecios a las y los otros, a la ciudadanía en sentido amplio.

Estamos en un momento en el que la portada de un periódico de tirada nacional en su número del 25 de febrero, coronaba con la foto de un conjunto de jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en la plaza de la Independencia de Kiev, para arropar a Ucrania y a su primer ministro, Zelenski, al cumplirse tres años del inicio de la guerra promovida por la Rusia de Putin. Entretanto los Estados Unidos de Trump votaban en la ONU con la Rusia de Putin y junto a Bielorrusia, Corea del Norte, Nicaragua y Hungría [1] para rechazar una resolución en la que «se condena la invasión y se pide una paz global, justa y duradera”. Esta derrota del multilateralismo se ha visto acompañada de otra afrenta en el Consejo de Seguridad que por iniciativa de Rusia y EE.UU neo imperialistas se ha negado que hubiera habido invasión, y en ese acto lo mas que han sido capaces de manifestar los europeos democráticos es su abstención.

Por todo esto tan agresivo para la democracia y la ciencia que está ocurriendo, he acudido a la experiencia de mi colega y amigo Vicente Larraga en las cuestiones de la relación entre defensa y tecnología, que conozco al dedillo gracias a nuestras conversaciones casi diarias, para pedirle su colaboración en la elaboración del artículo que esta nota introduce.

 

[1] Nota del autor: No se trata precisamente de modelos de democracias liberales.

Por Vicente Larraga y Emilio Muñoz

Contexto histórico y analítico

La investigación científica y su correlato, la tecnología, siempre han estado ligadas al poder, aunque a la sociedad desnortada- individualista, consumista, estresada por la inmediatez y encenagada por unas redes sociales envenenadas [1]– en que vivimos le cueste percibirlo y sentirlo.

Como ejemplo, es muy evidente la relación del proyecto Manhattan con la estructura de poder en la segunda parte del siglo veinte, pero esta implicación de la ciencia y la tecnología con la política no es nueva. Sirva como recuerdo, no la derrota de la Armada Invencible en las costas inglesas en el siglo XVI. Además del mal tiempo reinante, el hecho de que la artillería embarcada en las naves española no fuera naval, sino de tierra, con un tiempo de recarga superior a la naval inglesa y, por tanto, con una cadencia mayor de disparo, también tuvo que ver en la derrota española. Vemos pues que las naciones vencedoras en conflictos clave han sido, casi siempre, aquellas más avanzadas tecnológicamente.

Cuando nació en la web de la AEAC esta sección de diálogos entre ciencia y democracia no se podía pensar en el cambio de las coordenadas de la gobernanza mundial tras la salida de la primera crisis socioeconómica (2007-2013) y sobre todo de la segunda crisis generada por la pandemia de la covid-19. Sin embargo, presenta hoy un acervo analítico rico y diverso que acredita una evolución sensible a la influencia de los acontecimientos naturales y políticos [2].

Cambios de paradigmas

En este momento, al cambio de paradigma en la investigación científica con la irrupción de las empresas tecnológicas privadas en la carrera por el desarrollo tecnológico, desbancando al poder académico tradicional, se ha unido un cambio geopolítico de calado, con la vuelta del pensamiento del poder imperial a la política internacional. Los EE.UU. intentan oponerse a China en todos los campos. Rusia intenta recuperar su pasado esplendor soviético y Europa, por el momento, Isla democrática ideológica y con la mayor concentración de investigación académica, intenta competir dentro del mercado global. La ruptura del espacio de colaboración occidental por parte del nuevo presidente de EE.UU., acaba con la era creada por el presidente Roosevelt y nos adentra en un territorio desconocido. No es nuevo, también sucedió en los años treinta del siglo pasado en los EE.UU. cuando el aislacionismo campó por sus respetos.

El futuro de la Europa democrática

¿Qué puede hacer la Europa democrática en estas circunstancias?. En primer lugar, ser consciente de que tiene que cambiar sus planteamientos. Tiene que solventar el problema de la toma de las decisiones, ya que hay miembros de la UE que son partidarios del pensamiento imperial. No puede seguir tomando decisiones de manera unánime y tiene que cambiar su modo de alcanzar los consensos. Además, tiene que ser consciente de que tiene que aprovechar su enorme potencial científico tecnológico para que Europa sea tenida en cuenta como un actor en la sociedad global, con voz, voto y respetado en este mundo de zonas de influencia que quieren poner en marcha los responsables de EE.UU. y Rusia abiertamente, y China encubiertamente.

Ciencia, tecnología y defensa

La investigación y el desarrollo son los componentes esenciales que pueden ayudar en la supervivencia de la Europa democrática. De una forma muy clara en la construcción de una defensa tecnológicamente avanzada y cada vez menos dependiente de EE.UU. y, basada en esta potencia científica, ser capaz de competir en el mercado global con lo que conlleva de incremento de poder político.

Resulta muy clara la interconexión de los avances científicos con el concepto actual de defensa, pero no nos equivoquemos, la investigación de doble uso no es la única que hay que desarrollar. Los campos de la física se verán muy fortalecidos, pero hay que recordar aquí que, en una guerra, de cada diez soldados, solo dos combaten. El resto trabaja para que estos puedan hacerlo. La logística, las raciones alimenticias para ellos y para la población civil que los mantiene y la protección activa de los ciudadanos de la retaguardia, o las mejoras sanitarias para que los heridos puedan recuperarse son esenciales para mantener un esfuerzo de guerra. Todo ello está basado en el desarrollo de la biotecnología, los nuevos materiales y los avances sanitarios que son imprescindibles también.

Si la UE tiene un desarrollo importante en todos los escenarios de desarrollo, no solo en los bélicos, las potencias imperiales, se pensarán sus políticas agresivas. Recordarles que Europa no es una sociedad decadente, que puede aliarse con otros países del globo, como los emergentes, a los que tiene mucho que ofrecer, es importante. El informe Draggi lo ha dicho muy claramente hace muy poco. De esta crisis, Europa puede salir muy reforzada, convertida en una entidad política más fuerte y tiene la base, la investigación académica más potente del planeta. Tendrá que haber cambios importantes. Incluso podemos tener una UE a dos velocidades, no olvidemos que nuestro continente es y debe seguir siendo democrático, pero es la única opción. La otra es que seamos súbditos de un imperio EE.UU, o dos (EE. UU y Rusia). Según quien quiera considerarnos su “patio trasero” y cual sea su correlación de fuerzas.

Hay que pensar en la lejanía de la paz

Desgraciadamente, una era de relativa paz para Europa se ha roto. Hay que plantearse una nueva correlación política y cuál es la capacidad de cada uno de sobrevivir. El sálvese quien pueda que será propuesto por varios países de la UE, no parece una solución razonable. Un avance tecnológico importante en los sectores clave (defensa, espacio, IA, materiales, biotecnología, etc …) durante los próximos años, nos salvaría de una situación de dependencia imperial, como pretenden EE.UU. y Rusia con el beneplácito de China. Está en nuestras manos que eso no suceda y que podamos preservar la democracia en nuestras sociedades, emergiendo como unidad política y tecnológica. La otra alternativa es la dependencia, la sumisión y el ser considerados como ciudadanos de segunda en una división imperial del planeta a la que pretenden llevarnos los dictadores de los imperios dominantes que recordemos, lo son también tecnológicos en el caso de EE.UU. y China. Rusia, hará lo que le dejen los otros dos, y hay que recordar aquí su atraso tecnológico relativo, pero hay que recordar también que tiene 6000 ojivas nucleares como herencia de la Unión Soviética.

 

[1] Grijelmo, Alex (2025) , “ Limitar el anonimato en la Red, recuperar la civilidad”, El País, Opinión ,14 de enero: https://elpais.com/opinion/2025-01-14/limitar-el-anonimato-en-las-redes-para-recuperar-la-civilidad.html

[2] Diálogos entre ciencia y democracia: https://aeac.science/articulos/expertos/dialogos-ciencia-democracia/

Autores

Emilio Muñoz es Profesor de Investigación emérito del Grupo Investigación Ciencia, Vida y Sociedad  del Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía (IFS) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es socio promotor de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) y Presidente de su Consejo Consultivo.

Vicente Larraga es Profesor de Investigación emérito en el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita  Salas (CIB) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es socio fundador de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) y miembro de su Consejo Consultivo.

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