Diario de un Consejero de Ciencia. Semana 3.

Por Borja Sánchez.

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Voy a comenzar la entrada de esta especie de hebdomadario agradeciendo todos los comentarios recibidos, tanto en respuesta a la consulta anónima donde os preguntaba por cómo veíais Asturias en 2025, como por todos aquellos recibidos a través de las diferentes redes sociales. Agradezco todos ellos, porque incluso los negativos ayudan a que me estructure mejor para tratar de transmitiros de una forma mucho más amena no solo las “aventuras y desventuras” de mi paso por Consejería, sino todas las cosas que voy descubriendo en nuestra región desde esta visión privilegiada que se tiene desde este aquí. Esto puede sonarle raro a alguien, pero lo cierto es que la crítica es uno de los grandes motores de la ciencia, y tal vez sea lo que a los científicos nos construye la mente de una forma diferencial: siempre estamos abiertos a sugerencias. Así es nuestro modus operandi: nuestro trabajo, nuestros descubrimientos, siempre están sometidos a la crítica constante (y generalmente constructiva) de nuestra comunidad. Esto no es óbice (este post no sería lo mismo sin usar una palabra poco usual) para que quién quiera dedicarse a esto desarrolle, a no muy tardar, una especie de filtro que le permita no perder el tiempo con la “crítica por la crítica”.

Esta semana ha sido relativamente corta debido al jueves festivo, pero no por ello ha sido menos intensa. Comencé el lunes asistiendo a la presentación de una selección de trabajos fin de grado y trabajos fin de master (conocidos bajo los acrónimos de TFG y TFM, respectivamente) por parte de alumn@s de la Universidad de Oviedo. Durante alrededor de hora y media, escuché un total de 6 presentaciones, que más concretamente exponían:

1. Un sistema de alerta de entrada de especies invasoras vía barcos mercantes. Recordad que se sospecha que ésta fue justamente la vía de entrada de la avispa asiática.

2. Un entorno virtual donde personal técnico puede formarse en la reparación de plantas de energía renovables.

3. Un sistema virtual de gestión vocal de pedidos, aplicado a una cafetería (con su ruido) pero escalable a cualquier otro tipo de negocio.

4. Un prototipo de gestión de carga de dispositivos conectados al sistema eléctrico de una casa, incluyendo un coche eléctrico y con posibilidad de monitorizar la devolución de energía eléctrica a la red.

5. Un sistema de protección y de alerta vía móvil, con aplicación a situaciones de violencia de género, cuya desarrolladora fue portada en algún medio de comunicación de tirada regional.

6. Un algoritmo para la predicción de averías en maquinaria industrial basándose en la monitorización de sus frecuencias de vibración y sus armónicos. Esto de los armónicos siempre fascinará al músico que llevo dentro, ya que son precisamente la combinación de estas frecuencias las que diferencian los diferentes tonos de los instrumentos. He aquí una curiosa relación entre acústica y ciencia; una de tantas, seguro que en el futuro podremos volver sobre esto.

Aquí estoy yo siguiendo un tutorial de cambio de piezas en estaciones de control de plantas solares… con una mano en el bolsillo

Tal y como manifesté a los medios de comunicación presentes en la feria de muestras, en otras regiones del mundo se rifarían invertir en todos esos prototipos, no porque lo diga yo, sino porque todos los trabajos presentados estaban relativamente cercanos a un producto final comercial. La manera de medir esta cercanía es lo que se denomina TRL o technology readiness level (niveles de madurez tecnológica). Los TRLs fueron concebidos originalmente por la NASA (1974), aunque su definición formal tuvo que esperar hasta 1989 y constaba de 7 niveles. La inclusión de 9 niveles se llevó a cabo años más tarde, de tal forma que cuanto más alto el TRL, más cerca del mercado. A continuación muestro una representación esquemática de los 9 niveles de los TRLs, en la que se describe el “parcour” desde que una idea es concebida en un laboratorio (TRL bajos) hasta su venta y aplicación en un entorno real de trabajo (TRL altos).

En el caso de los prototipos presentados por estos chicos, todos estaban alrededor de un TRL4-5, lo cual les permite hacer una demostración a escala piloto de su tecnología: justamente esto fue lo que hicieron el pasado lunes. Estos TRLs, como digo, son muy altos y los haría teóricamente susceptibles de inversión con el objetivo de llevar esos mismos prototipos a entornos reales, aún más cerca del mercado. Curiosamente, los TFGs de varios de estos chicos habían sido dirigidos por el Profesor José Manuel Redondo, el cuál había ido a apoyarles sobre el terreno. Ya de por sí estos dos factores son dignos de alabanza. Por un lado la visión a la hora de escoger y dirigir TFGs (Redondo ya pasa de 100 trabajos dirigidos) por lo que a la formación que da a nuestros estudiantes se refiere. Por otro que esté al lado de sus chicos el día de la presentación en público. A lo largo de nuestra carrera nos acostumbramos a hablar, presentar e incluso improvisar, pero las primeras veces cuesta, y se agradece que nuestros “jefes” estén allí.

Pero lo más interesante estaba por llegar; como no podía ser menos me fui a conocerle (el Rector me hizo de anfitrión) y, hablando con él, resulta que me explicó cómo había comenzado una iniciativa altruista (me encanta) con el fin de explicar materias complejas a través de un pequeño cómic de una hoja y seis viñetas. Tras usar este sistema en sus clases de forma satisfactoria, Redondo se decidió a compartirlo con el público general. Podéis descargarlo gratuitamente aquí:

https://www.researchgate.net/publication/333104441_FanCines_Understand_C_concepts_the_easy_way

Un pajarito me ha dicho que no va a ser la única contribución de Redondo, así que estaré muy atento a lo que vaya publicando. Por la parte que me toca, este tipo de aproximaciones docentes y didácticas para abordar temas complejos de una forma visual es muy innovadora, y en cuanto podamos trataremos de ver cómo pueden apoyarse este tipo de iniciativas para que no sólo tengan recorrido, sino que tengan el reconocimiento que se merecen entre la comunidad científica.

Nota del autor: Sólo mencionar, de forma anecdótica, que este fue mi último acto en la Feria Internacional de Muestras de Asturias 2019; el año que viene volveremos con mucha más energía y seguro que con mucha más ciencia.

El lunes también comenzamos a redactar el borrador del decreto de estructura de consejería, que es donde se plasmarán al detalle las competencias de cada una de las Direcciones Generales y de Servicios que cuelguen del organigrama. Una semana de trabajo sobre el mismo hace que ya tengamos un documento bastante avanzado que contiene una estructura básica para desplegar la acción de gobierno: uno de nuestros objetivos es demostrarle a Asturias en el espacio más corto de tiempo posible que la apuesta del Presidente del Gobierno por la ciencia es muy necesaria para la región, y que ésta pasa por reunir en una Consejería todas las competencias en Ciencia. Personalmente quiero demostrarle a mi Presidente que no se equivocó al confiarme esta tarea.

Hasta aquí el lunes. El martes recibimos, junto con el Consejero de Salud y el Consejero de Industria, una representación del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, con su Ministra a la cabeza, que conocieron de primera mano lo que a mi parecer son dos de las cosas en las que Asturias ha trabajado muy bien durante los últimos años. La primera el Centro Europeo de Empresas e Innovación, situado en Llanera, que durante años ha venido formando y apoyando la creación de empresas de base tecnológica, spin-offs y start-ups de diferentes sectores, orígenes y con múltiples casuísticas. Aunque parezca similar, no es lo mismo crear una empresa a partir de una patente de la Universidad, o del CSIC, que una start-up que pone en mercado una aplicación informática innovadora. Ni las necesidades de financiación, ni de infraestructura ni el recorrido son parecidos, y este es justamente el conocimiento que ha ido acumulando el CEEI durante los más de 400 proyectos que ha acompañado. Tenemos los equipos, el conocimiento y el talento, un poco de condimento desde el gobierno y ya tenemos todos los ingredientes de una receta ganadora.

La segunda visita la realizamos a la Fundación para la Investigación e Innovación Biosanitaria del Principado de Asturias, la FINBA, que es la Fundación que da forma jurídica al Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias (ISPA). El conjunto de investigadores e investigadoras que integran los grupos basados físicamente en la FINBA o adheridos al ISPA (entre los cuales está el grupo de investigación al que yo mismo pertenecía en el CSIC), tienen un elevado nivel de producción científica, tanto básica como aplicada, poseen una gran capacidad de captación de recursos y son uno de los ejes sobre los que debe girar la estrategia científica del Principado de Asturias. Como habrán podido colegir, el ISPA y la FINBA son claves tanto a la hora de potenciar la investigación en biomedicina y sus intersecciones en áreas frontera como la nutrición, la salud o la economía circular, como por las oportunidades que ofrece para la atracción y retención de talento en nuestra región.

Hablando de talento, y después de la visita de la Ministra de Sanidad, me fui a comer con mi Jefa de Gabinete por la zona de la Avenida de Galicia y resulta que con el café me pusieron un sobre de azúcar que llevaba escrito un “¿Sabías que…?” científico (por cierto, no tomo azúcar ni edulcorante con el café y procuro limitar en lo posible bebidas y comidas con elevada concentración de azúcares simples). El sobre de azúcar en cuestión describía cómo los Curie son la familia con mayor número de premios Nobel. Tres en total, dos de Marie Skłodowska-Curie: el primero en Física (1903) compartido con su marido Pierre, y el segundo en Química (1911) ya viuda. El tercer premio lo recibieron conjuntamente su hija Irène y su marido Jean Frédéric Joliot, también en Química (1935). Aunque para ser precisos habría que sumar un cuarto Nobel más a la saga, ya que el marido de la hija pequeña de los Curie, Éve Denise, que se llamaba Henry Labouisse, recibió el Nobel de la Paz en nombre de UNICEF (1965).

Pero más allá de los premios Nobel, lo que quizá no sepan de Marie Skłodowska-Curie es que, una vez declarada la primera guerra mundial y tratando de que su conocimiento pudiera aplicarse en el frente de guerra, inventó un equipo de rayos X portátil con el que poder ayudar a los soldados heridos. Este tipo de visión, como ella misma escribió años después en su libro “La radiología y la guerra”,  nace de “la tarea principal impuesta a todos en aquel momento (de) ayudar al país en cualquier forma posible en aquel momento de crisis extrema”. Su país, era su país de adopción, y además es el país al que, junto con España, tanto le debo como científico. Nadie desde el gobierno o desde el ejército dio instrucciones sobre cómo debiera desplegarse dicha tarea desde la universidad, y cada cual optó por su propio modo de acción. Con su iniciativa tratando de aplicar su conocimiento científico en esos momentos tan difíciles para Francia, Marie Skłodowska-Curie probablemente salvase la vida de miles de soldados, y demostró que ayudar a la sociedad desde las instituciones está por encima de los personalismos. Esto bien pudiera haberla hecho merecedora de algún premio más. Para ampliar información sobre este tema, recomiendo la lectura de este artículo de The Conversation: https://theconversation.com/marie-curie-and-her-x-ray-vehicles-contribution-to-world-war-i-battlefield-medicine-83941?

Vamos con el miércoles. Ese día se hicieron públicas las medallas de plata del Principado de Asturias, concedidas este año a la científica Rosa Menéndez, la escultora María Jesús Rodríguez y la Red de Casas de Acogida del Principado. Estas medallas se suman a las dos medallas de oro que este año se conceden a título póstumo a Vicente Álvarez Areces y a la Brigada de Salvamento Minero. Ni que decir tiene que todo el Gobierno del Principado de Asturias está muy orgulloso de las personas premiadas ya que, en palabras del Presidente, “recogen lo mejor de Asturias”. Pero como comprenderán, desde el equipo de la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad, estamos muy contentos de que una de las medallas de plata haya sido para Rosa. Rosa es la primera mujer en presidir el CSIC (que durante años ha sido mi casa) y que, oigan, además de ser el mayor Organismo Público de Investigación Español es el 7º del mundo; todo esto con fondos públicos y competitivos obtenidos por su personal investigador, parece que esto a veces se le olvida a la gente que quiere que compitamos con centros con una elevada financiación privada. Además, los trabajos científicos, las patentes y la labor de gestión científica de Rosa al frente del Instituto Nacional del Carbón y de la Delegación del CSIC en Asturias, hacen que en su persona confluyan una serie de méritos que la convierten en ejemplo para las generaciones científicas venideras. Así que una vez más: ¡¡enhorabuena Rosa!!

Y para acabar esta entrada, una curiosidad basada en la foto del corcho que he dejado en mi despacho del IPLA-CSIC.

Qué de información en tan poca superficie.

Si os fijáis, arriba a la derecha, hay una foto mía con Chicote. Hace ahora tres años que un equipo de A3media, liderado por el propio Chicote, se aproximó a varios grupos de investigación españoles con el objetivo de desmontar ciertos mitos de los alimentos. A nosotros, y en colaboración con el grupo de investigación liderado por el Dr. Fernando Azpiroz del hospital Vall d’Hebron, nos contactaron con el siguiente mito: “la lechuga provoca gases”. Desde el punto de vista de la clínica, el Dr. Azpiroz llevaba tiempo observando que muchos pacientes reportaban una sensación de hinchazón justo después de comer ensalada. Pero claro, desde el punto de vista de la microbiología en general, y de los microorganismos fermentativos en particular, los milagros no existen. Por un lado la propia composición nutricional de la lechuga la hacen ser pobre en nutrientes que puedan ser fermentados por nuestras bacterias, lo que hace muy difícil una alta producción de gas. Tengan en cuenta que 100 g de lechuga contienen entre 1 y 2 gramos de carbohidratos, mientras que 100 g de faba asturiana pueden tener tranquilamente 25 gramos. Las comparaciones son odiosas, pero ya saben el dicho asturiano de que “con fabes y sidrina, nun fae falta gasolina”. Por otro lado, por muy eficientes que sean los microorganismos a la hora de fermentar, es imposible que se forme tanto gas en los pocos minutos que separan la ingestión de lechuga de la sensación de hinchazón, normalmente lleva horas. Remítase el lector al dicho mencionado anteriormente.

Pero esta sensación de hinchazón tras comer ensalada no sólo era real, sino medible, así que nos pusimos manos a la obra a diseñar unos experimentos que pudiesen demostrar que la lechuga no provoca gases, que tenía que estar ocurriendo otra cosa. Si ven el programa de mitos de los alimentos, ahí me verán explicándole a Chicote la digestión y poniendo a punto unos experimentos donde se demuestra la poca capacidad generadora de gas que tiene la lechuga frente por ejemplo a les fabes. Esto no acabó ahí, esa experiencia dio lugar a un artículo científico y 3 años después hemos publicado todos los resultados en la revista Neurogastoenterology and Motility. El artículo se titula “Abdominal distension after eating lettuce: The role of intestinal gas evaluated in vitro and by abdominal CT imaging”, y podéis consultarlo aquí: https://onlinelibrary.wiley.com/doi/full/10.1111/nmo.13703

Fijaos en que mi firma incluye tanto el grupo al que pertenecía en el IPLA como al ISPA, lo que refleja nuestra adhesión al mismo y nuestro compromiso por construir un instituto de investigación sanitaria potente en Asturias. En nuestro artículo, se demuestra que esta hinchazón es debida a la bajada del diafragma tras la ingestión de lechuga. Dicha bajada del diafragma comprime la cavidad abdominal e induce la sensación de hinchazón. Esto es lo que se ve en la siguiente figura, donde se muestran escáneres (tomografía axial computarizada o TAC) de un paciente antes y después de la ingesta de lechuga. Como refleja la flecha azul, la bajada del diafragma se asocia con una protrusión de las paredes intestinales (en Román paladino, es lo que hacemos cuando sacamos panza) pero sin que aumente el contenido de gas intestinal (que es lo que indican las nubecitas de la figura).

Y nada más por esta semana, espero que estéis aprendiendo tanto como yo disfruto escribiendo estas entradas.

See you next week!

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