Diario de un Consejero de Ciencia.
Semana 104.

Buenas noches,

Hoy hace exactamente dos años que tomaba posesión como Consejero de Ciencia, Innovación y Universidad del Gobierno del Principado de Asturias. Hace dos años, comencé a contar, semana a semana, los pasos mediante los cuales se ha creado y consolidado una consejería de ciencia. La Consejería se configuraba a partir de 3 servicios ya existentes, con dos direcciones generales, una que provenía de educación y la otra de industria, y con una secretaría general técnica. De la configuración anterior de las direcciones generales, el servicio de emprendimiento se quedaba en industria, y toda la parte de estrategia digital se incorporaba como una Dirección General a la Consejería de Presidencia. Así nació la consejería de ciencia. Durante dos años  he aprendido mucho de gestión administrativa, de gestión de equipos, de funcionamiento parlamentario… Nunca estaré lo suficientemente agradecido al Presidente de Asturias por crear esta consejería y por darme la oportunidad de impulsar, desde la política, la ciencia, la innovación, la transferencia de conocimiento, la formación, captación y retención de talento, la conectividad y la transformación digital.

Esta semana he decidido que este será el último diario. Ya ha cumplido su función sobradamente, con momentos buenos, con semanas con mucho tiempo para reflexionar qué escribir, con semanas con poco tiempo, y con momentos duros como aquellos de la segunda quincena de marzo de 2020. Toda vez que la Consejería de Ciencia está consolidada, ahora toca afianzarla y trabajar para que siga creciendo y marcando el camino hacia un futuro inequívocamente unido al conocimiento científico-tecnológico y a la digitalización. La financiación también es importante, por supuesto, pero antes de aumentarla teníamos que estar seguros de tener un ecosistema capaz de absorberla y transformarla en nuevo conocimiento, empleo de calidad y en actividades con valor añadido, sostenibles y digitales. Dos años después, y a falta de algún retoque menor, ya lo está.

No me resisto a dejar aquí, a modo de balance, una serie de reflexiones sobre la relevancia de la innovación. Hablar de innovación es simple (recuerden la definición latina que incluía en el diario anterior) y a la vez complicado, ya que la innovación puede ser disruptiva o gradual, de servicio o de producto, tecnológica o social, y puede estar basada en la I+D o no, pero lo cierto es que si no tiene un impacto positivo, temporal o contínuo, en alguno de los aspectos que definen a la economía, será otra cosa diferente a la innovación. Se escribe mucho acerca de la innovación y solemos quedarnos en la parte de la financiación, sobre todo cuando se publican estadísticas nacionales o europeas. No sé cuántos informes y estadísticas he leído al respecto durante estos dos años, desde el del panel de expertos “ERAC Peer Review” para España, pasando por las recomendaciones de país de la UE, el Green Deal, la Nueva Estrategia Industrial, el propio reglamento del MRR, hasta el informe realizado hace apenas unos meses por Juan Mulet para FEDEA o el informe del GTM sobre actividades empresariales innovadoras distintas de la I+D. Todos ellos tratan de arrojar luz sobre qué parámetros actuar para incrementar la inversión en I+D en España, notablemente en el tejido productivo que es quien acumula un mayor diferencial con la media europea. De todas formas y por añadir de forma constructiva un parámetro más, sigo echando en falta una aproximación a la cogobernanza autonómica en materia de I+D y de innovación. En España coexisten 17+2 sistemas autonómicos –entre comunidades y ciudades autónomas- con la propia política estatal en un marco de competencias concurrentes. Y aquí a mi modo de ver está la clave, en potenciar las políticas efectivas de coordinación y cooperación entre estos 20 sistemas para impulsar de manera definitiva la inversión en I+D y en innovación. Lo contaba hace unos cuantos diarios, si ninguna de las 5 CCAA que más contribuyen al PIB nacional están en el 2% de inversión, ¿cómo va a estarlo España?

Algunos otros aspectos que me parecen clave:

  • Respecto a la investigación, es totalmente necesario llegar a un esquema claro y consensuado de carrera investigadora, de gestión de la misma, de estabilización por parte de las instituciones, y de prever incentivos a la movilidad entre el sector público y privado. Supongo que la reforma en curso de la ley 14/2011 vendrá a clarificar muchos si no todos estos aspectos.
  • Respecto a la innovación, es interesante destacar que hay actividades innovadoras basadas y no basadas en la I+D, y que todas ellas se tienen en cuenta en la Encuesta de Innovación realizada en los países de la UE (y alguno más de la OCDE). Me refiero a actividades como la adquisición de maquinaria, de software, de derechos de propiedad intelectual e industrial, de patentes, modelos de utilidad, licencias o marcas para actividades innovadoras diferentes de la I+D, o a la formación continua o marketing.

En Asturias, como en otras regiones españolas y como la propia España, la inversión en I+D del sector privado es la que, con más diferencia, dista de converger con las medias europeas. En el caso de Asturias es de un punto porcentual con respecto al PIB de 2019. Según la última Community Innovation Survey, y realizada con datos de Eurostat, España tiene unos porcentajes más bajos de los europeos en cuanto a lo que atañe a los siguientes parámetros:

  •     % de empresas innovadoras
  •     % de empresas que realizan actividades innovadoras basadas en I+D
  •     % de empresas que realizan innovación de producto
  •     % de empresas que realizan innovación de proceso
  •     % de empresas que cooperan con otras empresas, administraciones, universidades, centros de I+D u otros agentes para innovar
  •     % de empresas que realizan algún tipo de protección de la propiedad industrial y/o intelectual: patentes, modelos de utilidad etc.
  •     % de empresas que compran maquinaria, equipos y software de nueva tecnología

Y Asturias no es diferente, por eso parte de nuestras actuaciones han estado dirigidas al incremento de estos parámetros. Esto implica encontrar un equilibrio para por un lado atender la I+D y la generación de conocimiento científico tecnológico con toda su casuística, y por otro las actividades innovadoras con su componentes basadas y no basadas en la I+D. Paralelamente hemos creado pilotos de vasos comunicantes y foros de cooperación entre lo público y lo privado, donde la Consejería de Ciencia es un agente innovador más, y creo con toda la modestia del mundo que aquí radica una parte sustancial de los logros conseguidos estos dos años. Lo decía en mi primera comparecencia en la Junta General del Principado de Asturias: además de los trámites ordinarios y en aras de visibilizar un futuro a medio y largo plazo de la mano de la ciencia, la Consejería de Ciencia, Innovación y Universidad tenía la misión de ser un agente innovador más que impulsase la I+D+i en todas sus facetas, direcciones y mecanismos.

¿Y esto cómo se hace? Escuchando a todo el mundo y monitorizando constantemente. El ecosistema innovador de Asturias no es diferente al de cualquier otro sistema regional, y la creación de la Consejería de Ciencia buscó ser ese primer paso para converger con los sistemas de gobernanza de otras CCAA mucho más alineados con las estrategias europeas (por ponerles un ejemplo Cataluña tiene 42 centros de I+D+i bajo el paraguas organizativo de CERCA, una especie de agencia de innovación, o una consejería de ciencia con varias direcciones generales que se ocupan de temas específicos como la I+D+i biosanitaria, o de la transferencia de conocimiento, o de la planificación económica). Un ecosistema innovador está compuesto por todos los participantes económicos públicos y privados, abarcando a la Universidad, a los centros de I+D, a los centros tecnológicos, a las empresas ya sean grandes, pymes o emergentes, pero de manera decisiva a todas aquellas entidades y personas que prestan servicios técnicos, administrativos o de apoyo. Y también al gobierno.

Es necesario partir de la premisa de que en tal ecosistema, todos somos eslabones necesarios para formar mecanismos que generen valor en cualquier dirección: desde el clásico postulado que va de la generación de conocimiento hacia la creación de productos y empresas, y viceversa, desde la demanda empresarial hacia la búsqueda de soluciones en el acervo de conocimiento científico tecnológico. A mayores, ningún  ecosistema innovador sería tal sin la existencia de facilidades financieras, públicas y privadas, que son las que al fin y al cabo permiten transformar el conocimiento científico en productos, empresas y puestos de trabajo, eso que llamamos de forma resumida transferencia de conocimiento.

¿Qué significa ser un agente innovador? Desde consejería monitorizamos quiénes son las entidades y los sectores económicos donde se generan actividades innovadoras económicamente rentables, sostenibles y generadoras de empleo. Lo que solemos hacer es analizar dónde están las principales fuentes de generación de conocimiento por un lado, los entes más favorables a incorporar la innovación como factor de competitividad y diversificación en sus modelos de negocio por otro y también monitorizar la actividad de todos los agentes intermedios que pudiesen acelerar la transferencia de conocimiento científico o la búsqueda a problemas que pudiesen ser resueltos desde la ciencia y la tecnología. Como detrás de toda actividad innovadora siempre hay personas –este paradigma cambiará a medida que se despliegue la 5G- es importante identificar aquellas que son clave por su habilidad de moverse entre los diferentes ámbitos, por su creatividad, por su capacidad de diálogo o cualesquier otro rasgo que consideremos relevante.

¿Por qué es tan importante para nosotros estar monitorizando este ecosistema a través de todos los foros posibles (reuniones presenciales u online, seminarios, encuestas, estudios de la cátedra de innovación, redes sociales, medios de comunicación etc.)? Muy sencillo, es la única forma de tener una mejor idea y perspectiva acerca de dónde están surgiendo las ideas, dónde están avanzando las fronteras de conocimiento dentro de nuestra estrategia de especialización inteligente, qué nuevos conceptos se manejan, cómo debemos trabajar cada una de las fases del estado de los TRL, el valor añadido que uno u otro proyecto puede darle a nuestra región y su recorrido, y tener una buena cantera de diversificación económica en forma de empresas innovadoras de base tecnológica. Fruto de este trabajo con el ecosistema y con la ciudadanía surge el borrador de la S3 que llevamos trabajando administrativamente desde febrero y discutiendo con el resto de las CCAA y el Ministerio en el marco de la RedIDI.

Tras dos años es más que evidente que el modo de trabajo del ecosistema de I+D+i asturiano ya no es el que yo conocí cuando llegué. El primer estado de alarma y ese clima de innovación abierta creado durante 2020 ha influido decisivamente. Me doy cuenta, nos damos cuenta en mi equipo, que somos unos privilegiados por estar en este observatorio llamado consejería, porque hemos visto evolucionar y ocurrir estos cambios (pandemia mediante). Podemos afirmar que ahora existen los mecanismos, los flujos de información, el acompañamiento a los proyectos y gradualmente la inversión necesaria para que las ideas basadas en conocimiento se hagan realidad. Y esto no es solo necesario para la economía, el empleo o nuestra financiación autonómica, sino también para un intangible social que ha reforzado esta pandemia: que la ciudadanía vea a dónde van a parar sus impuestos cuando se invierten en programas de I+D y de innovación. Tenemos también la base para que, incrementando los recursos dedicados a convocatorias competitivas, vayamos aumentando gradualmente los porcentajes de los parámetros que afectan a las empresas innovadoras mencionados con anterioridad.

Puede decirse que el ecosistema asturiano ha completado su viraje hacia una concepción más holística e integral de la I+D+i, más allá de su simple aproximación lineal y del hacer la guerra por su cuenta. Como decía el DG Innovación, hemos pasado del ¿qué hay de lo mío? que les contaba en las primeras entradas del diario al ¿qué hay de lo nuestro?. Toda vez que las misiones científicas están legisladas, reguladas y articuladas y que el resto de iniciativas de I+D por un lado, y de innovación por otro, vayan apalancando financiación, para los dos próximos años se antojan importantes consolidar 3 actuaciones principales:

1)   la creación de la Agencia de Ciencia e Innovación que nos confiera, definitivamente, una herramienta administrativamente ágil para la gestión de las convocatorias competitivas, la reorganización de las competencias dispersas en otras consejerías, así como la facilidad de ayudarnos en la gestión de la evaluación de las convocatorias de acuerdo a estándares de calidad.

2)   la ley de ciencia que defina aspectos tan importantes como la redacción, elaboración y evaluación de nuestro PCTI o de las estrategias europeas, la definición y evaluación de nuestro sistema científico tecnológico y otra serie de aspectos que haya que desarrollar a partir de las modificaciones de la ley 14/2011.

3)   La compra pública de innovación en sus diferentes vertientes. En su despliegue llevamos trabajando casi un año, desde que realizamos aquella llamada a mercado para conocer qué inquietudes tenían nuestras empresas.

Como de las dos primeras ya he hablado alguna vez, voy a dejar unas breves notas de la tercera por la importancia que ha adquirido tras la aparición de los fondos europeos NGEU. La compra pública innovadora, en sus diferentes vertientes, regulada por la ley 9/2017 es un instrumento fundamental para afrontar a través de inversión pública los desafíos que plantean la recuperación, la transición ecológica y digital, y la creación de una economía más resiliente en la UE. Se estima que Europa sólo está aprovechando la mitad de la capacidad de contratación en innovación, y que existe un gran déficit en la contratación de soluciones digitales y de I+D, las cuales son esenciales para fortalecer la autonomía estratégica y la competitividad de la Unión. El uso de la compra pública de innovación contribuirá sin duda a la aplicación del Pacto Verde Europeo y a fomentar la interacción digital de la ciudadanía y las empresas con las administraciones públicas, pero sobre todo a impulsar la I+D+i desde la inversión pública como palanca de competitividad y diferenciación. Hay mucha literatura en la UE al respecto.

Con esto me despido ya. Como digo el viraje en Asturias está completado y tanto la I+D representada por i) la atracción y retención de talento, y ii) la generación y protección de conocimiento científico tecnológico, como la innovación reflejada en el creciente número de empresas que realizan actividades innovadoras (basadas o no en I+D), se reflejarán muy probablemente en un futuro en un aumento de los recursos que destinamos a la I+D y la innovación, tanto desde lo público como desde lo privado. Y esto va a ayudar a construir la Asturias del futuro.

Vamos por buen camino, por el camino de la ciencia.

PD. no iba a dejar esta entrada sin fotos. Dejo dos, correspondientes a las dos visitas de este fin de semana en el que he estado de guardia. La primera de unas excavaciones arqueológicas en Belmonte de Miranda, y la segunda de la visita al Acuario de Gijón. Dos muestras de foros para investigar sobre nuestro patrimonio y biodiversidad, para divulgar y difundir la ciencia y su método, y para despertar las vocaciones científicas en los más peques.

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