Diario de un Consejero de Ciencia.
Semana 85.

Buenas noches,

Mira que el 14 de marzo tiene efemérides científicas para celebrar: el nacimiento de Albert Einstein, el Día Internacional de las Matemáticas y también el día del número pi, el cumpleaños de mi ministro (de ciencia) favorito… pero no, hoy se cumple un año de aquel estado de alarma, de aquel primer confinamiento ante la expansión del SARS-CoV-2 que nos ha transportado, un año después, a una situación con severas restricciones a la movilidad para seguir limitando su propagación. No todo ha sido negativo, la ciencia he recibido un impulso como nunca lo había hecho; han llegado desarrollo de vacunas en tiempo récord, cuyo impacto ya ha tenido repercusión positiva en la tercera ola en forma de una disminución importante en el número de fallecidos por encima de los 65 años. Al final esto es lo más importante, tener la posibilidad de seguir avanzando hacia el fin de esta pesadilla salvando el mayor número de vidas posibles.

Mientras tanto, hay que ir creando las condiciones para que en cuanto esta pesadilla pase, poder despertarse en una época en la que se augura un período de gran creatividad; como ha pasado después de todas las crisis anteriores, no hace falta ser adivino. En este sentido han ido las dos visitas de este fin de semana, una al concejo de Llanera y otra al de Gozón. Aquí estoy explicándoles a los vecinos de San Cucao cómo se está realizando el despliegue de fibra óptica en su concejo:

Hemos realizado dos anuncios muy importantes. El primero un proyecto piloto para conocer la cobertura real de telefonía móvil que tenemos en el Principado de Asturias, en las que licitaremos un drive test para recorrer unos 6300 km de carreteras nacionales y autonómicas para geoposicionar las diferentes coberturas en y conocer dónde existen las mayores dificultades de conectividad con el fin de diseñar la mejor estrategia para hacer llegar banda ancha. El segundo anuncio, la creación de la Red de Concejos con Ciencia para acercar la I+I a todo nuestro territorio, con especial atención a la zona rural donde nuestros CDTLs y ayuntamientos tendrán un papel clave. De momento tenemos 12 concejos (es el nombre que le damos a los municipios en Asturias y Galicia) adheridos de 78 que hay en nuestra región, a ver si se anima alguno más…

Como ven, vamos materializando iniciativas y proyectos poco a poco. Y como la cosa va, repito,  poco a poco (pero lo importante es que va),voy a dedicar la segunda parte de este diario a reflexionar sobre dos noticias: la primera la cuarta encuesta sobre percepción social de la innovación, realizada por COTEC y Sigma Dos, y la segunda una entrevista al Dr. Barbacid, publicada ayer sábado. Según la encuesta, el 80% de la población española -inferida a partir de una muestra representativa de personas encuestadas-,  ve insuficiente el gasto en I+D+i. Qué novedad, arrastramos el mismo mantra desde tiempos de Ramón y Cajal. Lean la entrevista al Dr. Barbacid porque, si pasa usted del titular, hay contenido muy interesante. Habla de una década perdida en ciencia, de un descenso en el gasto de I+D+i durante la misma del 50% frente al tímido aumento en los últimos presupuestos generales del estado del 9,5%. ¿por qué parece que no nos tomamos la ciencia en serio en este país? Esa misma pregunta se la hacía al actual presidente de Asturias en 2017, cuando la situación en la ciencia española se hacía insostenible. De aquella comenzamos a hacer virar a la FSA hacia la ciencia, no porque tenga especial capacidad de persuasión, sino porque Adrián entendió el proyecto y me dejó comenzar a desplegarlo.

Y a la vista del resultado de esta encuesta, no puedo dejar a un lado mis convicciones personales. No puede ser que el 80% de la sociedad reclame más ciencia y desde las administraciones no pongamos todas las facilidades para que esto sea factible. Hablo en general, en Asturias estamos ya inmersos en el proceso; en 2019 creamos la Consejería dando un golpe de timón a todo lo hecho anteriormente, y creo que después de un año y 8 meses siendo consejero tengo muchas explicaciones para esta pregunta:

Si estamos de acuerdo en que necesitamos incrementar nuestra inversión en I+D+i, ¿por qué no se hace? Voy a tratar de contestar con un decálogo.

  1. Esto señores, es un proyecto a largo plazo, y es igual que un grupo de investigación. Lleva toda la vida construirlo, pero sólo unos pocos años destruirlo. Se están dando pasos en la buena dirección. En Asturias, a pesar de la pandemia, nos llevará todavía este año y parte del que viene diseñar el sistema de gobernanza adecuado para desplegar todas las convocatorias de I+I en tiempo y forma y establecer un calendario. Es decir 3 años. Y esto es porque los procedimientos y los instrumentos hay que diseñarlos bien, con seguridad jurídica, para que sean ágiles, garantistas efectivos en el impacto y eficaces en la dimensión temporal.
  2. Una de las claves las da Barbacid: todavía hay muchos políticos que no ven la importancia del desarrollo científico tecnológico y que siguen en clave cortoplacista. Pero no muchos, ¡muchísimos! Yo no digo que el corto no sea importante, pero nadie debería perder de vista ni el medio ni el largo plazo. Entiendo la política como servicio público, y aquí se viene a cumplir un proyecto que se llama programa de gobierno. Por el camino surgen dificultades que hay que atender, retos como la pandemia, pero no podemos olvidarnos que en nuestro programa están los hitos y entregables a cumplir. Por eso es tan importante diseñar una estrategia, analizar bien los diferentes expedientes administrativos para conocer sus cuellos de botella, y diseñar aquellos procesos que nos permitan ejecutar el 100% de nuestro presupuesto que, como dice mi Vicepresidente “es el arma ejecutiva por excelencia”. Nos queda camino por recorrer para que haya menos políticos que vengan a transitar, y más a transformar.
  3. A los políticos que queremos impulsar de forma la I+D+i nos falta dimensión. Les cuento el caso de Asturias, nuestra RPT son 42 personas contando mi gabinete; si descontamos las vacantes y las bajas ahora mismo estaremos trabajando unas 30 y pocas personas. La Administración del Principado de Asturias son 38.000 funcionari@s; hagan sus cálculos de qué representa la ciencia en términos de personal. Pero ojo, ya veremos cómo va esta legislatura, a lo mejor la Consejería de Ciencia no tienen que ser más de 40 funcionarios y tiene que crecer mucho más en entorno. Recuerdo que esto es un proyecto a medio-largo plazo, tiene que ir poco a poco y hay que ganárselo.
  4. El sector privado no acaba de despegar en cuanto a inversión en I+D+i, y desde mi punto de vista de administración pública, es debido a que no se cuenta aún ni con el entorno adecuado de colaboración público privada ni con los instrumentos precisos para tener procedimientos administrativos ágiles. Por eso nosotros estamos trabajando en una agencia de ciencia e innovación y en una ley de ciencia. Tal vez la pandemia venga a poner en el foco, de una vez por todas, la importancia de que las empresas contraten personal especializado en innovación para crear valor añadido. Desde el lado público, debemos sentar las bases para que la carrera científico-tecnológica sea mixta si así se desea, y que esto no penalice.
  5. Las competencias en I+D+i siguen dispersas en diferentes departamentos. Con la concentración de las mismas y de sus instrumentos en un solo equipo de gestión, organizado como una redarquía, se logrará una máxima eficacia en las acciones y potenciar el acercamiento de la I+I de forma recíproca. Por ejemplo, no sirve de nada que desde un departamento se esté impulsando la creación de empresas de base tecnológica cuando las ayudas para acelerar este proceso están en otro departamento donde su gestión es la última prioridad porque están colapsados con otros expedientes.
  6. Las resistencias internas al cambio son muy grandes. Un político puede venir con toda su buena intención de reordenar, pero el “esto siempre se ha hecho así” o el “a mí va a venir este a decirme cómo hacer las cosas” pueden provocar grandes retrasos en el despliegue de la acción de gobierno, por ejemplo en que salgan las convocatorias a tiempo; incluso a veces una sola persona puede bloquear la acción de una consejería y hacerle perder no sólo el tiempo al consejero, sino perjudicar con su bloqueo a toda la CCAA. Una característica de estas resistencias internas es que están en segundos o terceros niveles, son desleales, entienden que la administración es todavía una jerarquía estricta y actúan como cuellos de botella por su aversión al cambio. Y la innovación es precisamente eso: cambio.
  7. La ciencia aún sigue siendo vista por estas resistencias y su pandilla de adláteres como un gasto, sin ningún beneficio para la sociedad. La ciencia no es sólo un gasto, es nuestra garantía de futuro, y del lado de la administración le proporcionaremos al ciudadano un estudio de a dónde va a parar cada uno de los euros de sus impuestos que se invierte en ciencia. No podemos dar la espalda de ninguna forma a una sociedad que reclama más inversión en ciencia, ellos no tienen por qué conocer los procedimientos para llevarlo a cabo, eso es responsabilidad de los políticos.
  8. A pesar del RDL36/2020 o de las revisiones de la ley de ciencia, arrastramos muchísima normativa que impide desplegar procedimientos administrativos ágiles y garantistas más acordes con la realidad científica que con la administrativa. El procedimiento europeo es un ejemplo de una maquinaria hiperburocratizada pero totalmente calendarizada y previsible en sus convocatorias y concesiones.
  9. En algunos puntos de la administración y de su perímetro hay todavía falta de colaboración, de entendimiento de que hace falta desplegar una estrategia común y de que todas las instituciones de un sistema científico-tecnológico deben contribuir a cumplir esa estrategia y rendir cuentas.
  10. Y por último la inversión: la ciencia es el primer lugar donde se piensa para recortar, y se sigue haciendo. Si la administración no sube -y ejecuta- su inversión en I+D+i, difícilmente va a acompañarle el sector privado, y esto es una pura cuestión de voluntades.

Dicho lo cual, haber llegado hasta aquí y poder hacer este análisis a vuelapluma es muy buena señal. Por mi parte me comprometo a seguir poniendo soluciones, ya no desde la inocencia de un consejero recién llegado de la ciencia, sino como el representante de un equipo que ha dado un golpe de timón para la gobernanza de la ciencia en Asturias. Estoy orgulloso de mi recorrido en este año y ocho meses, y admito que no estaba equivocado, la única posibilidad de cambiar cosas en ciencia es desde la política. Como les decía antes, la situación progresa y avanza hacia un papel más protagonista de la inversión y de la gobernanza de la I+D+i. Seamos optimistas pero recordemos que esta es una receta de cocción lenta y con una mezcla precisa de ingredientes.

La semana que viene más

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