Huella social poscovid-19 en España: proyecto estratégico evolutivo para la recuperación

Hoy os dejamos con un artículo de Emilio Muñoz y Jesús Rey en el que profundizan en las reflexiones sobre la huella social que va a dejar la pandemia de la covid-19 en nuestra sociedad y de la necesidad de que España evolucione hacia un nuevo modelo, con un plan estratégico que se cimiente sobre la ética en alianza con la empatía y la justicia social.


Huella social poscovid-19 en España: proyecto estratégico evolutivo para la recuperación

             Por Emilio Muñoz y Jesús Rey

España necesita evolucionar

En la medida de nuestras posibilidades llevamos analizando desde hace un año los problemas de la democracia y su repercusión sobre la situación española con profundas huellas sobre el entorno socio económico generadas por la gran crisis económica y social de 2008 [1]. Esta situación se ha hecho más grave y compleja con la terrible pandemia inducida por el virus SARS-CoV-2 que la Organización Mundial de la Salud ha referido como covid-19.

Entre las circunstancias que han acrecentado el dramatismo de la situación española cabe mencionar las siguientes: la salida de la crisis de 2008 ha aumentado las desigualdades y las precariedades en el empleo; el gobierno que ha tenido que gestionar la pandemia procedía de una moción de censura y no pudo aprobar unos presupuestos, por lo que se entró en un largo y complejo proceso electoral que codujo a una notable fragmentación de la representación parlamentaria; el gobierno que se formó casi al mismo tiempo que se fraguaba la emergencia sanitaria era una experiencia única en la democracia española, una coalición de izquierdas asimétrica por tradición y experiencia.

Ese gobierno tomaba posesión a principios de 2020 con unos presupuestos heredados del gobierno que había sido censurado, lo que le convertía en prisionero de una hacienda que se había elaborado con una perspectiva híbrida, de inspiración neoliberal con algunas gotas de acíbar socialdemócrata.

Apenas dos meses después de haber tomado posesión este gobierno, llegó a Europa de improviso la pandemia y colocó al neófito ejecutivo en una situación de irrealidad. Puesto que en mitad de marzo –quizás con retraso– tuvo que declarase el estado de alarma para controlar la enfermedad producida por un virus desconocido. Si pensamos serenamente España y su gobierno tenían que afrontar por obligada estrategia epidemiológica un confinamiento que reducía la actividad económica a los sectores esenciales y rompía la explosión de sociabilidad y movilidad que caracteriza la vida de la sociedad española. Nos situábamos en la irrealidad.

Una gestión compleja y no siempre comprendida ni compartida

Durante 73 días de un intenso confinamiento la ciudadanía española mostró un comportamiento responsable y leal, si bien este grado de compromiso no fue tan evidente en el conjunto de la clase política, con algunas muestras de rebeldía tanto entre los parlamentarios como por algunos responsables de comunidades autónomas, lo que no puede sorprender en un estado autonómico. Esta comprometida estrategia tuvo éxito epidemiológico por cuanto se consiguió aplanar una desbordada curva de contagios y finalmente doblarla, así como superar el colapso de las instituciones sanitarias aunque a costa de muchos profesionales contagiados. Sin embargo, ha dejado huellas de dinosaurio en ámbitos tan esenciales como la socio-economía basada en servicios, la educación a todos los niveles, la sanidad, las emociones de los ciudadanos y sus esperanzas. Se había apostado por una desescalada ansiosamente esperada, que el gobierno estableció de nuevo con un modelo por fases de notable complejidad y por lo tanto con gran carácter experimental. Se ha gestionado más con impulsos, deseos e intereses poco colectivos, que por procesos de inteligencia colectiva y principios de evolución.

Esta situación marcada por la ansiedad y la dificultad de aplicación ha coincidido con el período vacacional, lo que ha generado un regreso de explosión vírica (elevado número de rebrotes), que está produciendo información estadística viciada en algunas comunidades autónomas y una situación epidemiológica poco tranquilizadora. A pesar de ello, las reacciones de los políticos y los agentes económicos distan de mostrar que han aprendido las lecciones de la covid-19.

Se reclama un salto a la realidad ¿Es eso real?

Antes de agosto ha habido dos iniciativas orientadas a una salida de la desescalada: una de naturaleza política promovida por el gobierno con el pomposo objetivo de la reconstrucción social y económica, bajo el controvertido término de “una nueva normalidad” pero reconducida por el líder de la oposición al Congreso de los Diputados que ha rendido magros resultados ; la segunda promovida bajo el sugerente título de Iniciativa Cívica, con gran voluntarismo por las dos centrales sindicales prioritarias con la colaboración de un medio de comunicación digital y de representantes de la ciencia y la cultura. A esta segunda se prestó atención especial desde la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) con un artículo publicado en el mes de julio [2]. Se trataba de iniciativas que buscaban trasladar el debate de la confrontación a la conversación constructiva. Los resultados han sido escasos para la importancia del objetivo y una cierta solemnidad institucional.

A principios de septiembre de 2020, en algunos medios se han destilado contribuciones orales y escritas haciendo llamadas a la realidad. Entre ellas ‘La firma’ de Iñaki Gabilondo el día 2 de dicho mes al reintegrarse al programa ‘Hoy por hoy’, con el título “Y si bajamos de las nubes” [3]. Y los artículos de dos economistas catalanes de prestigio internacional y separados por varias generaciones: Andreu Mas Colell en el diario Ara [4] y la entrevista a Mar Reguant en El País [5], que han hecho explícita llamada al pragmatismo frente a las ideologías en este tiempo de pandemia y cambios.

Incluso es sorprendente que en un libro tan conectado con el debate político español en el que la crispación es instrumento esencial para su práctica abusiva, con un autor tan combativo como el periodista Ernesto Ekaizer [6] dedique un capitulo (“El Crash: ¿Bomba de neutrones?”) a defender que la salida económica no puede ser igual porque “…ni este país contaba con el mejor [sistema sanitario] ni uno de los mejores del mundo” y “… el estado de las autonomías funcionaba y que ya podía asumirse como un experimento sólido y exitoso“. Propone que lo que hay que hacer es planificar, así subrayado por lo que supone de cambio con respecto a las políticas económicas neoliberales que descansan ciegamente en el mercado, y lo hace apoyándose en periódicos como el Financial Times o en que empresas norteamericanas del sector del automóvil dejaran de fabricar vehículos para producir respiradores para pacientes de la covid-19; y cita a Willem Buiter, ex economista jefe de CitiCorp y profesor de la Universidad de Columbia, quien ha acuñado para este movimiento el término de “socialismo pandémico”.

La evocación a la realidad y el pragmatismo implica necesariamente el recurso a las reflexiones y acciones a cualquier nivel político, desde lo local a lo supranacional. Por tanto, en el caso español deben contextualizarse e imbricarse en el marco geoestratégico más inmediato, con el trabajo en pro de un nuevo modelo de Unión Europea, que se encuentra en la encrucijada de su reconstrucción y reposicionamiento [7], en un movimiento evolutivo, o tal vez paradójicamente involutivo para retrotraerse a sus inicios fundacionales con el fin de retomar ciertos principios y valores. Y también en un marco que asimismo requiere de la reconstrucción y revalorización del multilateralismo y de las instituciones de cooperación internacional.

Dos pilares fundamentales: la educación y la comunicación

En un próximo artículo ofreceremos la propuesta de un plan estratégico, de una estrategia española, para la recuperación económica y lo más social posible.

Pero en este artículo introductorio tenemos que incidir sobre dos grandes instrumentos que hay que revisar y remodelar para que la reconstrucción sea lo más valiosa y completa posible. En un artículo anterior llamamos la atención sobre la importancia de la educación [8] y en otro texto en el que abordamos los daños neurológicos de la covid-19 advertíamos ante ellos del grave desliz ético y social de no ser responsables, mientras proponíamos como antídoto una educación en valores [9]. La reanudación del curso escolar se ha teñido de dudas y de dramatismo informativo, esencialmente porque en España solemos brillar en la improvisación pero somos mucho menos afines a la prevención como estrategia y por tanto cuesta que se asuma su importancia, deficiencia que se ha denunciado anteriormente [10].

La comunicación es un tema que preocupa mucho en la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), puesto que de hecho nace con la vocación de contribuir a la aculturación científica de España [11]. Con la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) introdujo el término infodemia [12], que consideramos apropiado no solo por la sobredosis de información, sino porque una significativa parte de la misma esta patológicamente desinformada. No solo es el tremendo problema de las redes sociales, sino que la información que se transmite por profesionales de alto nivel y en medios de elevada audiencia, revelan fallos preocupantes. A este respecto, la semana del 7 al 13 de septiembre ha resultado nefasta en términos de comunicación política respecto a la pandemia. En algunos medios se ha informado de los datos de la evolución tan preocupante de los contagios aludiendo a que el dato de la baja letalidad del coronavirus en España (del 0,6%) tenía “trampa” porque había muchos positivos; cuando precisamente esta baja letalidad se debe a que hay positivos sin síntomas o con poca gravedad, a diferencia de lo que ocurría en los meses de marzo y abril [13]. Asimismo, se han expuesto bastantes opiniones acerca de la pandemia en España, discutibles cuando menos por ser inexactas o inviables en una democracia.

Secuela

Para reconstruir, para recuperar, para salir del drama poscovid-19 con dignidad, continuamos incansablemente invocando la ética, que se ha propuesto como factor de la evolución dentro del concepto NACE (entorno de sociabilidad) [14] en alianza con la empatía y la justicia social [15].


[1] Emilio Muñoz. La democracia está en peligro, ¿se ha dado cuenta el capitalismo neoliberal?. Paradigma, Revista Universitaria de Cultura, No. 23 (2020), págs. 96-103. https://riuma.uma.es/xmlui/handle/10630/19532.

[2] Emilio Muñoz, Victor Ladero y Jesús Rey. Huella social poscovid: Nuevos estatutos para la ciencia y profesiones esenciales. Blog de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), 3 julio 2020. https://aeac.science/huella-social-poscovid-nuevos-estatutos-para-la-ciencia-y-profesiones-esenciales/

[3] Iñaki Gabilondo. ¿Y si bajamos de las nubes? Cadena Ser. Hoy por hoy. https://cadenaser.com/programa/2020/09/02/hoy_por_hoy/1599027123_031018.html.

[4] Andreu Mas-Colell. Cal ser pragmàtic. Ara.cat, 29 agosto 2020. https://www.ara.cat/opinio/Cal-pragmatic_0_2517948211.html.

[5] Luis Doncell. Una catalana en la corte de sabios de Macron. La economista Mar Reguant asesora al presidente francés sobre cambio climático y reclama decisiones urgentes y ambiciosas. El País, 29 agosto 2020. https://elpais.com/revista-de-verano/2020-08-28/una-catalana-en-la-corte-de-sabios-de-macron.html9.

[6] Ernesto Ekaizer. El Crispavirus: Crónica de la conspiración. Barcelona: Espasa, 2020. https://www.casadellibro.com/libro-el-crispavirus-cronica-de-la-conspiracion/9788467060386/11590122.

[7] Federico Steinberg. La UE en la geopolítica pospandemia. El País, 9 septiembre 2020. https://elpais.com/opinion/2020-09-08/la-ue-en-la-geopolitica-pospandemia.html?event_log=oklogin&o=cerrado&prod=REGCRART.

[8] Jesús Rey y Emilio Muñoz. La educación, la gran olvidada de esta pandemia. The Conversation, 28 junio 2020. https://theconversation.com/la-educacion-la-gran-olvidada-de-esta-pandemia-141145.

[9] Jesús Rey, Victor Ladero y Emilio Muñoz. Daños neurológicos de la covid-19: Stop irresponsables. Blog de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC), 23 julio 2020. https://aeac.science/danos-neurologicos-de-la-covid-19-stop-irresponsables/.

[10] Jesús Rey y Emilio Muñoz. The Conversation, 28 junio 2020.

[11] AEAC. Estatutos. https://aeac.science/estatutos/

[12] Tedros Adhanom Ghebreyesus y Alex Ng. La desinformación frente a la medicina: hagamos frente a la “infodemia”. El País, 18 de febrero de 2020. https://www.who.int/es/news-room/commentaries/detail/coronavirus-infodemic.

[13] Borja Negrete. Covid-19: la letalidad del coronavirus en España no supera el 0,6%. Redacción Médica, 10 agosto 2020. https://www.redaccionmedica.com/secciones/sanidad-hoy/covid-19-la-letalidad-del-coronavirus-en-espana-no-supera-el-0-6–1840.

[14] Emilio Muñoz (2020) El reto de reflexionar: entorno de sociabilidad y evolución. Video [http://ifs.csic.es/es/article/nuevo-episodio-reto-reflexionar-evolucion-entornos-sociabilidad-emilio-munoz-ifs

[15] Emilio Muñoz. Éticas aplicadas. Seminario Internacional Economía y Valores. Fundación Ramón Areces, 19 febrero 2015. https://es.slideshare.net/FundacionAreces/emilio-muoz-ticas-aplicadas.


Emilio Muñoz es investigador ad honorem en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Es socio promotor de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC) y miembro de su Consejo Consultivo.

Jesús Rey es investigador en el Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad del IF-CSIC y socio fundacional y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia (AEAC).

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