Contaminación y secuelas cardiovasculares

Por Jesús Ávila, miembro del Consejo Consultivo de la AEAC:

Se había sugerido una influencia de la contaminación del aire, por mezclas heterogéneas de gases, líquidos y partículas de materia (PM) en defectos cardiovasculares (1). Adicionalmente, a nivel mundial, se atribuyeron en 2015 alrededor de 9 millones de muertes por contaminación del aire, siendo los datos para Europa de 790.000 fallecidos (133 muertes por 100.000 habitantes). De estas muertes se ha estimado que alrededor del 50% ocurren por problemas cardiovasculares.

En un riguroso estudio realizado en la ciudad de Madrid, con 192 pacientes y 57 controles, se ha mostrado claramente la implicación de la contaminación del aire en la ocurrencia de infartos de miocardio, que pueden acabar con la muerte del paciente. El estudio publicado este marzo, en la revista Scientific Reports (2), ha sido llevado a cabo fundamentalmente en el Hospital de la Princesa de Madrid, por grupos que trabajan en los Departamentos de Cardiología o de Inmunología. El primer autor es Alberto Cecconi, el último es Fernando Alonso, los encargados de la correspondencia son Hortensia de la Fuente y Luis Jiménez-Borreguero, y otro de los autores es Francisco Sánchez Madrid del Departamento de Inmunología.

Dado que en Madrid hay 24 estaciones meteorológicas que registran diariamente los niveles de contaminantes como micropartículas de diferente tamaño, y gases como NO2, SO2, NO, CO y O3; se ha buscado una posible correlación entre los niveles de estos contaminantes con la admisión hospitalaria de pacientes con enfermedades cardiovasculares, como el infarto de miocardio, examinando los datos de la estación más cercana a la residencia del paciente. Los resultados indicaron una clara correlación entre la contaminación del aire previa al ingreso hospitalario y la presencia de problemas cardiovasculares (relacionados con medidas de microRNA) y/o problemas inmunológicos (relacionados con una reducción de células T/CD4+). La correlación era evidente con la cantidad de PM menores de 2.5 micras de diámetro que pueden penetrar en el pulmón y entrar en el torrente sanguíneo. Estas partículas pueden provenir de fuentes como gases de vehículos, industrias, obras callejeras, o en otras situaciones como incendios o erupciones volcánicas. La inhalación de estas partículas puede evitarse con el uso de mascarilla. También se observó correlación con la cantidad de CO, indicando la influencia de contaminantes presentes en el aire con la presencia de infartos de miocardio agudos.

Referencias:
  • Brook RD. Cardiovascular effects of air pollution. Clin Sci (Lond). 2008 Sep;115(6):175-87. doi: 10.1042/CS20070444. PMID: 18691154
  • Cecconi A, Navarrete G, Garcia-Guimaraes M, Vera A, Blanco-Dominguez R, Sanz-Garcia A, Lozano-Prieto M, Lopez-Melgar B, Rivero F, Martin P, Sanchez-Madrid F, de la Fuente H, Jimenez-Borreguero LJ, Alfonso F. Influence of air pollutants on circulating inflammatory cells and microRNA expression in acute myocardial infarction. Sci Rep. 2022 Mar 30;12(1):5350. doi: 10.1038/s41598-022-09383-7. PMID: 35354890; PMCID: PMC8967857
Nota Complementaria por Emilio Muñoz:

Desde el primer Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas me interese por los sus posibles efectos sobre la salud. Era evidente que la contaminación resultante del uso masivo y creciente de los combustibles fósiles iba a incidir negativamente en la calidad del aire de las grandes urbes y por ende sobre  los territorios de los países más desarrollados.

Creo que nunca escribí sobre ello porque precisamente al coordinar en 2007 un numero (156) sobre Cambio Climático para la revista Temas para el Debate (http://www.revistasculturales.com/revistas/99/temas-para-el-debate/num/156/) como miembro de su Consejo de Redacción y presentar al mismo para su discusión  el editorial que había preparado, el presidente de dicho Consejo, a la sazón D. Alfonso Guerra sancionó como único elemento de disenso al mismo mi referencia a los potenciales efectos sobre la salud por poder favorecer el alarmismo.

Desgraciadamente tales efectos van poniéndose en evidencia de modo creciente.  Ya no es alarmismo, es denuncia factual. El trabajo que comenta Jesús Ávila es una fehaciente prueba de ello, y hay que felicitar por su excelente trabajo a los investigadores del Hospital de la Princesa de Madrid.

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