Diario de un Consejero de Ciencia.
Semana 86.

Buenas noches,

Ayer entró la primavera; en Asturias comienzan a florecer cerezos, guindos, algún manzano, alguna piescal… en nada cambiamos la hora y no solo iremos hacia días cada vez más luminosos, sino que notaremos una clara prolongación hacia tardes más largas; vamos, que anochecerá más tarde. Ha sido un proceso gradual en el que la duración del día ha ido aumentando lenta y progresivamente desde el solsticio de invierno, y ahora, durante el equinoccio de primavera, tenemos exactamente 12 horas de luz y 12 de oscuridad. Con el cambio horario de la semana que viene estas horas de luz irán dando a ocasos cada vez más tardíos hasta llegar al día más largo del año, que será el 21 de junio: el solsticio de verano.

Equinoccios y solsticios son eventos muy ligados a las culturas de las civilizaciones primitivas, con rituales que de una forma u otra han perdurado hasta nuestros días. Es el caso del Nouruz, el nuevo año Persa, que bien coincide con el solsticio de primavera (a veces el 20, a veces el 21 y a veces el 22 de marzo) o bien directamente con el 21 de marzo. Por tanto podemos decir que además de la primavera, ayer entró el nuevo año para millones de habitantes del mundo en el que vivimos.

El origen del Nouruz (literalmente nuevo día; no rooz en persa moderno) se hunde en las raíces del zoroastrismo, religión muy anterior al cristianismo, para la que el día de año nuevo era un día de renovación, el día en que se dejaba atrás todo lo malo (representado por la oscuridad invernal) y en el que comenzaba un nuevo ciclo (representado por la luminosidad primaveral), sobre todo nuevos cultivos y nuevas cosechas. Tampoco es que sea muy diferente a lo que nosotros deseamos para el nuevo año.

Para la celebración del Nouruz, que descubrí de la mano de un investigador iraní que vino a Asturias de estancia, se dispone un mantel con 7 elementos que comienzan con la letra S, y que son: trigo (sabzé) que representa el renacer, ajo (sir) que representa la salud, manazas (sib) que representan la belleza, jacintos (sombol) que florecen en primavera y representan su llegada (en Asturias tenemos nuestra propia flor de la primavera), unas monedas de oro (sekkes) que representan la prosperidad, una especia llamada somag y vinagre (serké), que representa la calma, la madurez y la paciencia ante las adversidades. El vinagre es la transformación del mosto de manzana después de la acción sobre el mismo de levaduras, bacterias lácticas y bacterias acéticas; hay mucha ciencia y paciencia en un buen vinagre, no se crean que es tan fácil conseguirlo.

La paciencia y la calma es algo indispensable para hacer las cosas bien: vísteme despacio que dice el refrán, o despacito y buena letra que escribió Machado: “el hacer las cosas bien importa más que el hacerlas”. Cagaprisas «haylos» por todas las partes. Uno no se empapa del pensamiento de Nietzsche en 2 horas, ni en 2 años, necesita mucha lectura, mucha relectura, reposar, volver a leer, contrastar… Sé que estamos en unos tiempos marcados por las redes sociales, donde se impacta rápido y se olvida rápido, donde el tonto del pueblo que antes tenía un altavoz, ahora tiene un perfil en Twitter, donde se manipula la información a conveniencia, donde se siembra la crispación… como dice Christian Salmon en su libro «La era del enfrentamiento», la crispación es un negocio, una actividad planeada táctica y estratégicamente, con todas las técnicas del marketing moderno más sofisticado y que tiene en las noticias falsas una de sus armas más afiladas.

Hacer las cosas bien implica una alta dosis de observación, de disciplina, de estrategia y de paciencia, necesita profundizar en lo que se quiere hacer, en para qué se quiere hacer, en cómo se quiere hacer, en qué objetivos se busca, en dónde están los equipos para conseguirlo -en preguntarse: ¿tengo los equipos para conseguirlo?-, en quién realiza cada una de las tareas, en cómo se coordina, en dónde están las resistencias al cambio. Y esto es común a cualquier tarea; de hecho todo lo bueno de la vida lleva tiempo, las buenas amistades, conseguir un buen empleo, diseñar un buen programa, construir un buen sistema… todo esto además lleva asociado la cultura del esfuerzo, y que es la cultura sino el cultivo del tiempo, de la observación, de la dedicación a una tarea, sea la que sea, e implica una alta dosis de convicción y de consenso.

Es en este punto donde considero importante asimilar el método científico; el método nos acostumbra a tomarnos nuestro tiempo en pensar una buena estrategia para ceñirnos a ella, evaluar nuestros progresos y alcanzar nuestros objetivos a través del plan A o del B, ayuda a no frustrarse. Decía Nietzsche que las convicciones pueden ser enemigas mucho más peligrosas de la verdad que las propias mentiras. Y tiene parte de razón, por eso está bien estar sometido a una evaluación continua, interna y externa, porque es fácil acomodarse. La otra opción es realizar las tareas a conveniencia, lo que acostumbra a estar ligado al “laissez faire, laissez passer” de Vincent de Gournay, y que suele traer problemas a la larga. Queda al juicio de cada cuál valorar una u otra estrategia, o una mezcla de ambas, para minimizar los problemas y que no impidan alcanzar el objetivo final.

Actuar por convicción y siguiendo un método requiere necesariamente autocrítica y crítica externa e interna: esto es lo que ha hecho avanzar a la ciencia, que no existan dogmas, que todo sea revisable y actualizable, que toda teoría pueda caerse ante nuevos experimentos. Y cuando una persona se toma su tiempo en plantear bien una estrategia, estará muy atenta a las señales de la aparición de puntos de inflexión que, tal y como los define Malcolm Gladwell, son aquellos momentos “mágicos” en los que “una idea, tendencia o comportamiento social cruza un umbral, golpea, y se propaga como un reguero de pólvora”.  Sirva pues este año nuevo persa como punto de inflexión y avance definitivo hacia muchas de las cosas que traemos para el medio plazo, que no son pocas, y que no se construyen ni en un día ni en unos meses, pero a las que ya les queda cada vez menos para materializarse.

Reflexiones vitales aparte, esta semana ha sido de nuevo muy ajetreada, con mucho trabajo interno para seguir con los diferentes expedientes de todas nuestras partidas presupuestarias y para seguir construyendo el medio plazo. En este “pensar en el medio plazo”mientras se saca adelante nuestro presupuesto, hemos celebrado dos reuniones interesantes. El martes me reuní con el CEO del Mobile World Capital Barcelona, Carlos Grau, y el jueves con el director de Estrategia Tecnológica e Innovación Digital de RTVE, Pere Vila, donde compartimos estrategias de emprendimiento en los sectores que son clave para Asturias, y donde a partir de ahora se van a estudiar futuras sinergias en innovación y transformación digital.

Esta semana ha sido también la de enterarnos de los requisitos que tiene que cumplir una Universidad para ser considerada como tal, dentro del RDL que está preparando el Ministerio de Universidades. La Universidad de Oviedo es una de las 12 universidades que, en el momento actual y de acuerdo al informe publicado por el Observatorio del Sistema Universitario, cumplirían los requisitos. Solo 12 universidades de las 81 que hay en España. Los requisitos que aborda el estudio, en vigor desde hace muchísimos años, son los siguientes:

  1. Ofrecer, como mínimo, 10 títulos oficiales de grado.
  2. Ofrecer, como mínimo, 6 títulos oficiales de máster universitario.
  3. Ofrecer, como mínimo, 3 programas oficiales de doctorado.
  4. El conjunto de la oferta oficial debe cubrir, como mínimo, 3 de las 5 ramas de conocimiento (Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas, e Ingeniería y Arquitectura).
  5. El estudiantado de grado debe constituir, como mínimo, el 50% del total del estudiantado que cursa estudios oficiales.
  6. El estudiantado de formación permanente (no oficial) no puede superar el doble del estudiantado que cursa estudios oficiales.

Las 12 Universidades que cumplen estos requisitos son todas públicas. Que la Universidad de Oviedo esté en la lista demuestra bien a las claras la calidad y el compromiso de nuestra institución docente, como siempre ha sido, como es y como siempre será.

Y por último, me despido con un artículo de lo más interesante, que lleva el título de: Natural selection in the evolution of SARS-CoV-2 in bats created a generalist virus and highly capable human pathogen.  Es decir, “(La acción) de la selección natural en la evolución del SARS-CoV-2 en murciélagos creó un virus generalista y un patógeno humano altamente hábil”. Los autores han analizado todos los datos genéticos disponibles hasta el momento y han establecido una hipótesis para el origen de la cepa que infecta humanos. Por cierto, eso es un título y lo demás pamplinas; para las personas que estén habituadas al inglés científico recomiendo su lectura, si no, aquí dejo una breve explicación:

  1. Una de las cosas que sorprenden es el alto parecido genético entre las cepas de murciélagos emparentadas con el nuevo coronavirus, y el virus actual que infecta a humanos.
  2. Incluso las nuevas cepas, no dejan de ser pequeñas variantes genéticas de las primeras, solo que “pequeños cambios” acumulados acaban produciendo cepas que podrían escapar al sistema inmunológico de una persona con anticuerpos frente a la cepa de Wuhan.
  3. Según el artículo, una de las cepas presentes en murciélagos sufrió una serie de pérdidas genéticas en regiones CpG asociadas al gen que codifica la proteína de la espícula, también alguna reorganización, y es ahí donde se produjo la primera variante detectada en Wuhan. Hubo un corto período de surgimiento de nuevas cepas, pero sólo unas pocas demostraron mayor poder de propagación que la original. Después de ese corto período, y a pesar de las nuevas cepas, el virus ha evolucionado mucho más lentamente.
  4. El artículo concluye que, en el futuro, este tipo de cepas de coronavirus que tienen como reservorio a los murciélagos, u otros animales, pueden experimentar nuevos cambios genéticos y originarse un SARS-CoV-3.

Ahora, una explicación un poco más detallada. Comencemos fijándonos en estos gráficos:

La figura 1B muestra cómo, a medida que se van depositando más y más secuencias genéticas de virus aislados por todo el mundo (por ejemplo en la base de datos NCBI o en el repositorio público Nexstrain, se va ralentizando la identificación de nuevas cepas porque solo persisten aquellas con mayor capacidad infectiva. La figura 1C muestra que más del 95% de esas nuevas cepas contienen variaciones genéticas en el gen que codifica la proteína de la espícula (proteína Spike o proteína S) y en el gen que codifica la polimerasa de RNA dependiente de RNA (RdRp). La proteína S es la proteína que usa el virus para infectar nuestras células a través de la unión a la proteína ACE2 (enzima convertidora de la angiotensina 2, que es el receptor del virus en nuestras células), mientras que la RdRp es la proteína que usa el virus para realizar copias de su material genético. La inferencia realizada por los autores muestra que sólo el 2% de las nuevas variantes sufren selección positiva, lo que se interpreta como una evolución lenta del virus tras un período inicial de origen de nuevas variantes. Un claro ejemplo es la cepa británica, en la que una mutación  puntual en el gen que codifica la proteína S, hace que el aminoácido 501 sea una tirosina en vez de una asparagina, aumentando la afinidad de la proteína S por el receptor ACE2.

Ahora fijémonos en esta otra figura:

La figura 3A es un análisis filogenético basado en el teorema de Bayes, y que yo mismo he utilizado en muchos artículos (el teorema de Bayes es calcular la probabilidad de que ocurra un suceso A, condicionado a la probabilidad de que ocurra el suceso B). Usando este teorema -con el que casi quemo un ordenador en 2007- puede calcularse una especie de reloj molecular a raíz de la tasa de cambios genéticos (dada una matriz de tasas de cambio), que ha permitido a los científicos postular que el ancestro común del SARS-CoV-2 se originó hacia 1976, presumiblemente en un murciélago. La figura 3C muestra una propuesta de historia evolutiva esquemática de los coronavirus relacionados con el SARS-CoV-2 y una propuesta de cómo pudo originarse este último. Como ven, no puede excluirse la posibilidad de que haya existido un hospedador intermedio entre los murciélagos y los humanos.

Como conclusión/cloenda:

El grupo al que pertenece el SARS-CoV-2, denominado Sarbecovirus, se caracteriza por una gran diversidad y una gran capacidad de infectar diferentes hospedadores, entre ellos la especie humana. No puede descartarse que, en un futuro, una nueva serie de eventos genéticos como el que condujeron a la aparición del SARS-CoV-2 vuelvan a producirse en un murciélago o en otro animal, de tal forma que el futuro SARS-CoV-3 puede evadir la inmunidad adquirida frente a los SARS anteriores. Por tanto, no nos queda más remedio que monitorizar y evaluar la emergencia de nuevas cepas de estos virus, tanto en animales como humanos.

Eso si queremos adelantarnos a una futura pandemia, yo lo tengo claro, pero igual los antivacunas, anti5G y antineuronas en general piensan de otra forma.

¡Hasta la semana que viene!

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