¿Qué es el capital digital y cómo lo operacionalizamos?

Conceptualización teórica y operacionalización del concepto de capital digital como mediador fundamental de la desigualdad social en la sociedad de la información.
Por Maria L. Ruiu y Massimo Ragnedda:

La idea de capital digital está basada en la conceptualización del capital propuesta por Bourdieu. Nuestra definición (Ragnedda y Ruiu 2020) abarca todos los atributos evidenciados por Bourdieu en términos de acumulación, conversión y aprovechamiento. En una sociedad basada en Internet, el capital digital se convierte en un componente clave para interpetar la estratifgicación social y la desigualdad. El capital digital se compone del conjunto de habilidades y aptitudes interiorizadas (competencias digitales), así como recursos exteriorizados (dispositivos digitales) que pueden ser acumulados, pero también reinvertidos productivamente y convertidos en otras formas de capital. La mirada bourdiana –a pesar de no haber considerado los medios tecnológicos como un objeto autónomo de estudio– ofrece la oportunidad de investigar el rol del capital digital en la comprensión de la desigualdad digital en la era digital.

El concepto de capital digital desborda la esfera económica, en su significado ortodoxo, abarcando valores, recursos y bienes intangibles e inmateriales. Puede establecerse un paralelismo con el desarrollo de la noción de capital digital, que ha sido discutida, teorizada y cuestionda desde el origen de la sociología para describir una forma intangible de capital que produce beneficios concretos en la vida de las personas. Así, utilizamos el concepto de capital en un sentido figurativo para destacar los beneficios tangibles, más allá del ámbito económico, que afectan a la vida cotidiana de las personas. Además, junto con otras formas de capital, el capital digital también requiere de inversiones de esfuerzo y tiempo por parte de los agentes sociales como forma de superación personal. En resumen, el capital digital (a) produce beneficios sociales; (b) puede ser acumulado; (c) requiere de inversiones de esfuerzo y tiempo; y (d) puede convertirse en otras formas de capital. Además, el capital digital deriva de la «acumulación histórica» de competencias (habilidades y actitudes interiorizadas) y dispositivos digitales (recursos externos) que pueden ser transferidos o transformados en otras formas de capital. Este proceso influye en la posición social y el estatus social de los individuos, incidiendo en lo que Max Weber definió como «oportunidades de vida» (Ragnedda 2017). Consecuentemente, el capital digital puede ser interpretado como un capital de mediación que juega un rol fundamental en la transformación de los capitales offline previos (económico, social, cultural, político y personal) en actividades digitales y, a la inversa, en la conversión de estas actividades digitales en capitales offline. Esto es lo que denominamos un proceso de doble bucle –double-loop process– (Ragnedda and Ruiu 2020).

Sin embargo, además de su descripción teórica, también hemos desarrollado un indicador para medir empíricamente el capital digital. La operacionalización y medición del «capital» puede ser complicada y resultar en diferentes aproximaciones, que derivan de las distintas conceptualizaciones del término y formas de construcción de indicadores. Nuestra propuesta se centra en los atributos incluidos en la definición del capital digital, combinando piezas fragmentadas de investigación ya existentes que han intentando estudiar la relación entre desigualdades digitales y sociales. Este modelo, basado en una extensiva revisión de la literatura, integra (a) los aspectos relacionados con el acceso material y físico a las tecnologías digitales (recursos exteriorizados) con (b) las competencias digitales, identificadas en el «Marco Europeo de Competencias Digitales para la Ciudadanía: DigComp 2.1» (Carretero et al., 2017).

Específicamente, los diferentes indicadores de acceso digital fueron identificados en base a la literatura sobre el primer nivel de la brecha digital, vinculada con las desigualdades en el acceso y su efecto en la experiencia digital. El acceso digital se divide en cuatro subcomponentes: (1) el equipamiento digital, (2) la conectividad, (3) el tiempo disponible online y (4) el apoyo. Por otro lado, las competencias digitales se definen siguiendo la clasificación del DigComp 2.1, que se ha convertido en modelo de referencia para el desarrollo y planificación estratégica de iniciativas de inclusión digital en el marco europeo y de los estados miembros de la UE. Nuestra propuesta incluye, más allá de los tipos de accesibilidad física y material, cinco áreas de competencia digital: (1) información, (2) comunicación, (3) seguridad, (4) creación de contenido y (5) resolución de problemas. En resumen, podemos concluir que la conceptualización y operacionalización del capital digital es necesaria porque una de las limitaciones de las actuales definiciones del capital tecnológico/digital/informacional es la falta de poder explicativo del proceso de conversión entre el capital digital y otros recursos, como los económicos, culturales, sociales o políticos. Además, también se trata de una estrategia adecuada para comprender la experiencia digital de las personas, que se muestra entrelazada con la estructura social y digital de la sociedad.

Autores:
Maria L. Ruiu y Massimo Ragnedda. Profesores titulares en la Northumbria University de Newcastle-upon-Tyne (Reino Unido) e investigadores con una destacada trayectoria en el estudio de la sociedad digital y las desigualdades digitales.
Bibliografía:

Carretero Gomez, S., Vuorikari, R. & Punie, Y., (2017). DigComp 2.1: The Digital Competence Framework for Citizens with eight proficiency levels and examples of use. Publications Office of the European Union. DOI:10.2760/38842.

Ragnedda, M. (2017), The Third Digital Divide. A Weberian approach to digital inequalities, London: Routledge.

Ragnedda, M., and Ruiu, ML. (2020) Digital Capital. A Bourdieusian approach to Digital Divide, Emeralds Publishing.

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